Terminé el relato de la primera etapa de nuestro viaje de 2.023 con la llegada al aeropuerto de Bangkok, para tomar el vuelo que nos llevaría a Melbourne. En principio, no teníamos prevista una parada en Australia, país al que me gustaría dedicarle un viaje completo, pero todas las combinaciones de vuelo nos obligaban a hacer una escala larga en Melbourne, así que decidimos prolongar algo más la estancia para ver la ciudad y hacer una excursión a la Great Ocean Road.
Los trámites aduaneros en Melbourne fueron tan rápidos que ni siquiera un sello nos pusieron en el pasaporte.
Caía un aguacero importante cuando salimos de la terminal en busca de un taxi. Antes de localizar la parada se nos acercó un hindú con un paraguas y nos dijo que era taxista y acababa de terminar un servicio y tenía que retornar a la ciudad, así que nos podía llevar por un precio ventajoso. Accedimos y nos montamos en un taxi que no estaba junto a los demás. Al poco de empezar el trayecto vi que el taxímetro no estaba puesto en marcha, así que le pregunté y me dijo que la tarifa era de 150 dólares australianos. Teníamos la idea de que Australia era muy caro, pero nos pareció excesivo. Regateando se quedó en 100 dólares. Cuando llegamos al hotel nos dijeron que el coste normal del taxi era de 60 pero, incluso, teníamos la terminal de bus enfrente, donde podíamos hacer el trayecto por 20 dólares por persona. Ni con la edad (y ya tengo demasiada) se aprende…
En el trayecto en taxi al hotel ya pudimos ver que Melbourne es una ciudad muy moderna con magníficas autovías y rascacielos de bonita factura.
koalas en el parque Great Otway
El primer tramo de la carretera es de acantilados rocosos con abundante vegetación y playas de arena dorada.
La primera parada larga fue para hacer un fácil sendero a la orilla del río Kennet, en el cual pudimos ver algunas aves y, en la lejanía, el único canguro de todo el tour, descansando en una pradera.
Continuamos la marcha hasta la localidad de Apollo Bay, ciudad muy turística con su playa y su puerto. Allí nos dieron una hora para comer por nuestra cuenta, ya que sólo iba incluido el desayuno de primera hora.
La guía, que además conducía el autobús, lo hacía conducía a gran velocidad, se veía que había hecho la ruta centenares de veces, de tal manera que éramos nosotros los que adelantábamos a los turismo y no al contrario, como suele ser habitual.
Cuando utilizaba el micrófono hablaba en un inglés demasiado coloquial para que nosotros, que éramos los únicos no angloparlantes, la pudiéramos entender, así que, en buenos tramos fuimos completamente desconectados de lo que explicaba.
Una vez dejada atrás Apollo Bay, nos adentramos en el Parque Nacional Great Otway, donde pensábamos que íbamos a hacer otra caminata para ver los koalas, muy abundantes aquí. Quizás debido al retraso acumulado en las paradas anteriores, lo cierto es que sólo paramos cuando la guía o algún pasajero veía koalas a través de la ventanilla.
En esta parte del itinerario la carretera se separa de la costa y se adentra en el bosque. El parque tiene zonas de vegetación de bosque lluvioso primario que no tuvimos oportunidad de apreciar. Atravesado el parque, se llega a una zona de cultivos y la carretera vuelve a acercarse a la costa.
los Doce Apóstoles
Otro de los lugares más espectaculares es el Desfiladero de Loch Ard, donde los acantilados forman una pequeña playa con arcos y cavernas producidos por la erosión marina y los colapsos.
Las paradas se fueron sucediendo en los distintos miradores para ver otras formaciones como The Razorback, también con muy bonitas vistas.
turismo urbano en Melbourne
El tercer y último día de nuestra estancia en Melbourne decidimos dedicarlo a recorrer a pie parte de esta ciudad, sin grandes desplazamientos.
Desde nuestro hotel fuimos a pie hasta el Queen Victoria Market, un inmenso mercado abierto en el siglo XIX y, cerca de él, entramos en la Biblioteca Estatal de Victoria, donde parece que entra más gente a tomar fotos que a consultar libros.
Después nos dejamos caer por Chinatown, con un aspecto más limpio y moderno que los barrios chinos de otras ciudades. Por aquellas fechas estaban celebrando su año nuevo.
El Palacio Real fue residencia del soberano hasta mediados del siglo XX, hoy día sólo algunas ceremonias reales se siguen celebrando aquí.
Por una de las arterias principales, bajamos hasta las inmediaciones del río Yarra, usando uno de los tranvías gratuitos.
Entre los edificios modernos se intercalan, de tanto en tanto, las construcciones de la época victoriana, como la estación de Flinders Street.
Junto a la orilla del río está la Federation Square, donde estaba instalada una pantalla gigante para seguir el Open de Australia de tenis que se celebraba por entonces.
Desde la plaza se accede al Princess Bridge, desde el que hay magníficas vistas de esta parte de la ciudad.
Entre los rascacielos más emblemáticos se encuentra el llamado Australia 108, el edificio más alto de la ciudad con 317 metros de altura. Previo pago, se puede acceder a la planta superior para tener una panorámica completa de la ciudad.
Melbourne me dejó una grata impresión, con una mezcla bien equilibrada de edificios coloniales y modernos. Sin el patrimonio histórico de nuestras ciudades europeas, como metrópoli creo que está ya un paso por delante de la mayoría de ellas.
Como al día siguiente nos tocaba levantarnos a las cuatro de la mañana, no alargamos demasiado la visita y nos fuimos al hotel para prepararnos para el tercer salto de este viaje: la Isla Sur de Nueva Zelanda.
