Desde Aqaba, donde terminó la entrada de este viaje Jordania, parte 1, empezamos a retornar hacia el norte, por la carretera 35, con dirección a la mítica Petra. A partir de aquí nuestro viaje tomó una faceta más cultural.
Llegamos ya anochecido a Wadi Musa y cenamos en la terraza del hotel, donde pudimos comprobar los fuertes contrastes de temperatura entre el calor tórrido de la jornada en Aqaba y el frío en cuanto anochece. En el hotel nos dejaron ropa de abrigo para poder estar a la intemperie
Petra, la ciudad esculpida en la roca
El acceso es a través de un angosto cañón, excavado por corrientes fluviales en la roca arenisca durante milenios. El suelo lo han cubierto con una capa de cemento que facilita el acceso pero le quita naturalidad.
Aquí toca hacerse el reportaje fotográfico de rigor…
Por un hueco en una alambrada, el guía nos condujo por un sendero hasta una subida a la pared de en frente del cañón, para tener una vista desde arriba del Tesoro de Petra. Dos pequeños gatos se unieron a nosotros en el ascenso.
Arriba había una pequeña tienda de suvenirs que, por una propina te proporcionaban un tapete para sentarse en la cornisa y tomar unas buenas fotos, pero no es nada recomendable para los que sufrimos de vértigo.
De regreso a la entrada del Tesoro de Petra, íbamos a empezar el recorrido hasta El Monasterio (Ad Dehir) que requiere una larga caminata con una subida empinada y muchos tramos de escaleras, por lo que existe la opción de pago de hacerlo en camello, burro o caballo, que fue la nuestra.
las distintas culturas que esculpieron Petra
Las ruinas de Petra están asociadas a la cultura nabatea, que esculpieron sus principales edificios, pero en el recorrido se va pasando por las sucesivas culturas que dejaron su impronta en el lugar, desde los romanos a los bizantinos.
A la cultura nabatea corresponde la Calle de las Fachadas, un conjunto de tumbas esculpidas en la arenisca en distintos niveles.
Entre los edificios funerarios nabateos destacan las Tumbas Reales, siendo la mayor de ellas la Tumba del Palacio, con 46 metros de altura.
Menos conocida pero más llamativa es la Tumba de las Sedas, conocida así por la gama de colores de las vetas de su roca arenisca.
Del periodo romano es el anfiteatro, que nosotros sólo vimos desde el exterior.
la subida al Ad Dehir
Antes de comenzar la subida hacia el Ad Dehir, se pasa por el Qasr al-Bint, uno de los edificios mejor conservados del complejo y que no está esculpido en la roca.
A partir de aquí empieza la parte más extenuante para los que hacen el camino a pie: una sucesión interminable de tramos de escalones tallados en roca dentro de otro angosto desfiladero. Los caballos los subían al trote y los peatones se tenían que apartar a su paso.
Después de tanta subida, El Monasterio aparece a la vuelta de un tramo descendente de escalones. Es un edificio natabateo con una fachada muy similar al Tesoro de Petra. Al estar en un espacio abierto, tiene mejores perspectivas para la toma de fotos.
Sin compañía, hicimos la travesía de un angosto barranco, donde había abrigos utilizados por los beduinos. A la salida, el guía nos estaba esperando para llevarnos a almorzar resguardados a la sombra en una grieta de la montaña.
En el Ad Dehir nos despedimos del guía, que nos indicó un camino de retorno hacia la salida viendo en el camino otros monumentos menos visitados del complejo arqueológico. Pero no todo el trayecto era cuesta abajo.
Los dos monumentos del trayecto de vuelta en que nos paramos algún tiempo fueron la fuente del León, con una gran talla del felino de más de 4 metros de ancha y el Templo del Jardín.
Desde esta parte alta hay unas vistas impresionantes de todo el complejo arqueológico, con restos de edificios esparcidos en todas direcciones.
el mar Muerto
Terminada la visita a Petra, pernoctamos de nuevo en Wadi Musa y, a la mañana siguiente, continuamos carretera hacia el noreste, acercándonos a la frontera con Israel hasta llegar al mar Muerto, que es compartido por los dos países.
En el trayecto habíamos ido descendiendo topográficamente hasta poner a 400 metros bajo el nivel del mar.
Terminadas estas liturgias, nos marchamos en busca de lugares más sombreados y frescos. De pasada vimos la garganta Wadi Mujib, por la que discurre un caudaloso río en el que se puede realizar barranquismo que se contrata en la misma carretera. Tuvimos que desistir por falta de tiempo.
la ciudad romana de Jerash
A causa de que el coche de alquiler no llevaba el navegador que habíamos contratado, nos tuvimos que apañar todo el viaje con el navegador del móvil, cargando los itinerarios cuando teníamos internet. A causa de esto, perdimos bastante tiempo en el trayecto entre Wadi Musa al mar Muerto, al no tomar el cambio de carreteras 35 a 60 en la ciudad de Al-Tafilah . Después de mucho deambular, preguntamos a un jordano que, afortunadamente, hablaba inglés y que con gran amabilidad se montó en su coche y nos dijo que lo siguiéramos hasta ponernos de nuevo en la ruta correcta. A causa de este contratiempo, lo que ya era un programa de visitas apretadísimo se convirtió en un imposible por lo que tuvimos que saltarnos la visita prevista a algunos lugares históricos de la provincia de Madaba y poner rumbo al norte, a las ruinas romanas de Jerash.
Estábamos en nuestro último día hábil de turismo. El itinerario corto preveía poco más de dos horas, pero pasaba por Amman, donde había un atasco interminable. Se nos fue en más de tres horas y media el recorrido y como teníamos que retroceder otra vez porque el hotel lo teníamos cerca del aeropuerto, ya que nuestro vuelo era por la mañana muy temprano, la vista a la ciudad romana la tuvimos que hacer sin pararnos demasiado.
Jerash está situada cerca de la frontera con Siria que, en aquel momento, estaba en plena guerra y su efecto sí pudimos verlo en los campos de refugiados asentados a orillas de la carretera.
Estas ruinas romanas están muy bien preservadas, los trabajos de restauración han sido muy meritorios y son la segunda atracción turística de Jordania, después de Petra.
Jerash conserva un conjunto de vías completamente pavimentadas y flanqueadas de columnas, templos, edificios públicos y privados con mosaicos, anfiteatros, un hipódromo e infinidad de elementos urbanos difícil de encontrar en otro complejo arqueológico romano.
Uno de sus lugares más emblemáticos es la plaza Ovalada, construida entre los siglos I y II d.C., junto a ella se encuentra el Teatro Sur.
La tarde empezó a echarse encima y como teníamos aún el retorno hasta el hotel, dimos por concluida la visita después de pasear por el Cardo Máximo, la calle principal orientada de norte a sur.
La visita a Jerash ponía también fin a nuestro viaje a este pequeño país de Oriente Medio que todavía tenía más cosas que ver para haber prolongado nuestra estancia algún que otro día.
