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Fernando de Noronha, 2: Parque Nacional Marinho y Mar de Fora

La primera entrada de a nuestro viaje a Noronha la dediqué a la parte norte de la isla que está fuera del Parque Nacional Marinho y que, por tanto, se puede recorrer sin permisos previos.Todo el noroeste y la mayor parte del sur pertenecen al parque y su visita, además del pase  de pago, en algunos casos requiere ir acompañado de guías oficiales.

En la parte occidental de la isla y dando al Mar de Dentro se encuentra el sector del parque llamado Golfinho Sancho, que abarca la Baia dos Porcos, la Praia do Sancho y la Baia dos Golfinhos.

el sector Golfinho Sancho

Si no se dispone de vehículo propio, la mejor manera de llegar a este sector del parque es en taxi, pues el autobús para a kilómetro y medio de la entrada por un camino de tierra que suele estar embarrado en época de lluvias.

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la entrada al parque

Fernando de Noronha eMuy bien equipado, el sector Golfinho Sancho dispone de un centro de recepción, consignas donde dejar pertenencias, duchas, vestuarios, tienda de recuerdos, comidas y alquiler de equipo para snorkel. Aquí, como en los demás centros de recepción se pueden recargar las botellas con agua fresca, a fin de reducir los desperdicios plásticos.

Una vez pasado el control de tickets, se accede a una red de senderos, en buena parte de pasarelas de madera, que conducen a los puntos de interés del sector y que uno puede hacer por libre, sin necesidad de contratar un guía.

Pasarela elevada con barandillas rosadas rodeada de un frondoso bosque verde.
pasarelas en uno de los senderos

Desde estos senderos se puede ver la mayor parte de la fauna terrestre de la isla y de su flora endémica. Moviéndose rápidamente por las rocas abundan unos roedores de la familia de los capibaras, de menor tamaño, llamados Mocó o Cuy de roca que fueron introducidos desde el continente.

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el Mocó o Cuy de roca

Caminando por los senderos o surgiendo entre las rocas , continuamente te topas con Cangrejo Amarillo, que es terrestre y tiene cara de mal humor.

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el cangrejo amarillo, de hábitat terrestre

Entre las aves, de las más abundantes es el Sula sula, muy llamativa, con su plumaje blanco y negro, el pico azul y las patas rojas.

Piquero de patas rojas y pico azul posado en las ramas de un árbol.
el Sula sula o alcatraz patirrojo

Desde el centro de recepción, las pasarelas llevan al acceso a la Praia do Sancho que está limitado, ya que es necesario descender por unas escaleras que tienen estipuladas unas horas para la descender y otras para ascender. Este cronograma está en una pizarra en el centro y también informa de él el guarda del parque encargado del control de bajadas y subidas.

Playa tropical de arena dorada y agua turquesa rodeada de acantilados verdes.
la Praia do Sancho desde las pasarelas

La Praia do Sancho es otro de los principales puntos de atracción de turistas en la isla. Esta playa suele aparecer en esas clasificaciones que se hacen sobre las mejores o más bonitas del mundo. Una parte de los visitantes sólo la contempla desde los miradores, ya que los dos tramos de escaleras metálicas verticales, instalados en una estrecha fisura en el acantilado, echan a bastantes para atrás. Para descender, es necesario llevar las manos libres. Yo llevaba una pequeña mochila a la espalda que golpeaba con la pared de atrás y, en un par de puntos hay que tener cuidado de no golpearse la cabeza.

Mujer subiendo por una escalera amarilla entre estrechas paredes de roca.
las dificultosas escaleras para descender a la playa

A Praia do Sancho bajamos dos veces durante nuestra estancia, la primera en el recorrido general por la isla, donde el guía nos explicó como funcionaba el tema de los horarios de acceso y otra por nuestra cuenta para repetir el snorkel que ya habíamos estado haciendo en la excursión del catamarán.

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el arenal de la playa suele estar muy solitario por el difícil acceso
Palmera verde en una playa de arena dorada con mar azul y cielo nublado.
por la escasa vegetación, es difícil encontrar sombras en la playa

Por estar poco afectada por la actividad humana,esta playa es uno de los lugares preferidos por las tortugas marinas para el desove. Al final del arenal, al borde del acantilado, se pueden ver estacas marcando los nidos.

Los huevos de tortugas y sus crías son uno de los alimentos de los lagartos overos, que se mueven con parsimonia por toda la playa y no rehuyen la presencia de los humanos.

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el lagarto overo, se camufla fácilmente entre las rocas basálticas

Con la marea baja, se puede ver por la playa al Cangrejo Rojo de Roca, con un caparazón que combina tonos rojos y azules muy llamativos.

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Praia do Meio con la Ilha da Conceiçao al fondo

El recorrido por los senderos sobre el acantilado lleva a una serie de miradores desde donde se ve la Bahía do Sancho y termina en la parte occidental en el Mirante dos Golfinhos, que da a la bahía del mismo nombre, llamada así porque suele ser el punto concentración de centenares de delfines por la mañana. En el mirador había personal del parque haciendo anotaciones y te dejaban prismáticos que tenían para los visitantes. Vimos algunos delfines saltar, pero en la lejanía. Desde el catamarán vimos muchos más y, por supuesto, mucho más cerca.

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Baia dos Golfinhos vista desde el mirador

el sendero de Capim Açu

Para poder recorrer el extremo occidental de Noronha es necesario hacerlo mediante la reserva previa del sendero Capim-Açu y contratando un guía que te acompañe, lo que ya dije que hicimos el día de la llegada.

Este sendero es el más largo y exigente de todos los que se pueden hacer en la isla. Su dificultad estriba en que sus tres últimos kilómetros discurren sobre piedras basálticas pulidas y redondeadas por la acción del mar.

Quedamos citados con el guía en el acceso a Golfinho Sancho, desde donde empezamos la caminata.

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letrero con el mapa del recorrido

La primera parte del sendero discurre por el bosque primario, con una gran variedad de especies endémicas, de las que era buen conocedor el guía, que nos iba diciendo sus nombres y propiedades. Entre las especies vegetales más curiosas se encontraba la “Burra Leitera”, un árbol que produce un látex caústico que quema la piel. Las burras leiteras próximas al sendero tenían un letrero advirtiendo de su peligro.

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el bosque primario de Noronha. En el centro, una "Burra Leitera"

Al inicio del sendero hay un corto desvío hasta el Mirador VOR, con vistas de la Ponta de Sapata y los islotes de su entorno.

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vistas desde elmirador VOR

Más adelante, un ramal se desvía hacia el faro de la isla (trilha do Farol), cerca del cual están dos miradores más: Mirante Ponta do Capim Açu, el cual tiene una vista espectacular de la vegetación que cubre esta parte de la isla y Mirante Ponta Sapata, en la cual estuvimos en la navegación en catamarán. En todos ellos da vértigo mirar hacia abajo.

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la vista desde el Mirante Ponta de Capim Açu
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la vista desde el Mirante Ponta Sapata

en el Mar de Fora

Retornando al sendero principal, se inicia el descenso hacia la costa del Mar de Fora, al mismo tiempo que se va saliendo del bosque y se va teniendo vista de los acantilados de basalto. Este descenso, después de las lluvias pasadas era una pista de patinaje.

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el Mar de Fora visto desde el final del sendero de Capim Açu

En este punto termina el sendero de Capim Açu, propiamente dicho, donde se encuentran unas pequeñas piscinas naturales de agua salada, a resguardo del mar embravecido y en las que nos estuvimos bañando un rato antes de empezar la parte complicada de la excursión.

A unos cien metros de las piscinas está la Caverna de Capim Açu, horadada por las batidas del mar y que tiene salida a los dos lados del cabo que es el extremo suroeste de la isla. Tiene una bonita variedad de tonalidades verdes, negras y rojas, con las olas del mar entrando por el fondo.

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la Caverna de Capim Açu

Desde la caverna hasta la Praia do Leao quedaban aún tres kilómetros de caminata por la costa. Cuando tomas el camino, miras para el frente y se ve acantilado de roca volcánica negra y una manchita anaranjada en la lejanía, que es la arena de la playa.

Olas del mar azul y turquesa rompiendo contra rocas volcánicas en un acantilado.
el sendero discurre por el acantilado de roca volcánica

Hicimos este tramo con el guía andando a buen ritmo y nosotros siguiéndole a alguna distancia, mirando continuamente al suelo para ver dónde pisabas y comprendiendo que las zapatillas de deporte que llevábamos no era el calzado adecuado para moverse por allí.

Cuando llegábamos a un paso complicado, el guía se paraba, y nos echaba una mano no fuera a ser que termináramos despeñándonos. Después volvía a coger su ritmo y lo veíamos tomar unas decenas de metros de ventaja.

Personas haciendo senderismo sobre grandes rocas volcánicas oscuras en una montaña soleada.
la parte más complicada del sendero

Las segundas piscinas naturales, éstas más grandes que las primeras, están situadas como a propósito para hacer una parada que ya era más que merecida. Aquí estuvimos bañándonos otro rato entre pececillos de vivos colores azules y naranjas y con la vista de las olas saltando por encima de los bonitos estratos calcáreos que protegen a las piscinas.

Mujer nadando en una piscina natural de agua cristalina rodeada de rocas volcánicas.
chapuzón en las piscinas naturales
Peces pequeños azules y amarillos nadando en agua clara sobre un fondo rocoso.
Chopitas de San Paul, de color azul y amarillo y la Ophioblennius Trinitaria, con las aletas naranjas
Olas del mar azul rompiendo sobre rocas oscuras con cascadas de espuma blanca.
pequeñas piscinas formadas en estratos calcáreos

Desde las piscinas a Pria do Leao queda aproximadamente un kilómetro, principalmente de cantos rodados muy pulidos, por los que se camina quizás con más dificultad que por el acantilado.

Mujer con mochila caminando sobre una playa de piedras negras junto al mar.
acercándonos a Praia do Leao

Después de cuatro horas y media de dura caminata, en un día con mucho sol pero con un viento fresco que hacía la sensación térmica más baja, llegamos a la punta occidental de la Praia do Leao, en la que ya habíamos estado con anterioridad llegando por donde casi todo el mundo: por la carretera.

Vista panorámica de una playa tropical con mar turquesa, arena dorada e islotes rocosos.
panorámica desde el Mirante da Praia do Leao

El guía nos indicó el único punto de esta playa seguro para el baño, justo en frente del Morro da Viúva, no sometido a las corrientes que hacen especialmente peligroso este litoral. Aquí nos dimos el tercer chapuzón de la jornada.

Playa tropical de arena dorada, mar turquesa, islote rocoso y colinas verdes.
la Praia de Leao con el islote Morro da Viúa

La Praia do Leao, que forma parte del parque nacional y precisa de reserva para acceder a ella, es una de las más extensas de todo Noronha y de enorme interés para su ecosistema porque a ella van cientos de tortugas a desovar. Habíamos visto algunos nidos en Praia do Sancho, pero aquí hay numerosas estacas clavadas por el personal del parque en la arena indicando los puntos de desove.

En muchos se veían los cráteres abiertos por las tortugas para enterrarlos y sus huellas dejadas en la arena al arrastrarse, que aún no habían sido borrados por el oleaje. Las estacas tienen unas tablillas explicativas de los hábitos reproductivos de las tortugas.

Huellas y carteles de señalización de nidos de tortuga marina en la arena.
señalización de nidos y marcas de las tortugas en la arena

La Ilha do Morro do Leao da nombre a la playa, está deshabitada y su nombre viene de que semeja la silueta de un león marino, pero no a que estos mamíferos anduvieran alguna vez por aquí.

Islote rocoso en aguas turquesas del océano tropical bajo un cielo azul con nubes.
el islote Morro do Leao

Nuestro recorrido por las playas del Mar de Fora que están en el  parque nacional termina en la Praia do Sueste, a la que se puede llegar por carretera asfaltada y, por tanto, con parada de autobús. Nosotros estuvimos sólo una vez en ella, recorriéndola a pie en un día en que no lucía el sol.

Tiene una bahía estrecha y bien protegida en su entrada por dos islotes, lo que hace que sea de las playas con menos oleaje y corrientes de toda Noronha.

Playa tropical de arena dorada y mar turquesa entre colinas verdes y cielo nublado.
panorámica de Praia do Sueste

Estas características la hacían una de las favoritas para el baño. Sinembargo, desde un ataque en su misma orilla de un tiburón tigre a una niña en el año 2.022, está cerrada, ya que al tiburón se le ha seguido viendo desde entonces por la bahía. Al igual que en las demás playas de la isla, hay paneles de advertencia sobre el riesgo de presencia de tiburones peligrosos.

En esta playa se pueden ver tiburones limón que se dejan arrastrar por la corriente sobre la arena. Como el tiburón tigre es su depredador, llega también hasta la orilla para su captura.

Cartel de advertencia sobre tiburones junto a una playa con pequeños tiburones en la orilla.
las advertencias de peligro por tiburones están en todas las playas de la isla

Hasta aquí llegó nuestro recorrido por el parque nacional ya que, más hacia el este se encuentra Praia Atalaia, la cual precisaba de permiso para su visita que no pudimos conseguir.

El sexto día de estancia en la isla teníamos el vuelo de regreso a Recife. Como en el aeropuerto no se precisa con mucha más antelación que en una estación de autobuses, aún tuvimos tiempo de irnos al puerto a hacer las compras de rigor.

Nuestro viaje al estado de Pernambuco iba a continuar con una corta estancia en Porto de Galinhas, que narraré en otra entrada de este blog.

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