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Fernando de Noronha, 1: Mirante do Francês y Mar de Dentro

A principios del mes de febrero de 2.025, pasamos en pareja y a nuestro aire unos días en un destino poco habitual: la pequeña isla brasileña de Fernando de Noronha y las playas al sur de Recife, en Porto de Galinhas y sus alrededores.

Fuimos en coche hasta Lisboa. Desde a aquí, vuelo directo hasta Recife de siete horas y media, donde llegamos ya anochecido. Al día siguiente por la mañana temprano tomaríamos de nuevo vuelo para Noronha para pasar allí 5 noches.

llegada a la isla

Despegamos bajo un gran aguacero que, afortunadamente, según nos adentramos en el Atlántico dejamos atrás y, tras una hora y media de vuelo, llegamos a Noronha con un cielo con sol y nubes, viento suave y una temperatura agradable.

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panel turístico para la foto de recuerdo

Fernando de Noronha es un conjunto de pequeñas islas volcánicas situado en el océano Atlántico, a 360 kilómetros de la costa nororiental de Brasil. Tan solo su isla principal, que apenas tiene 10 kilómetros de largo por 3 de ancho, está habitada y es la que da nombre a todo el archipiélago.

Gran parte de la isla principal y todos los islotes conforman el Parque Nacional Marinho Fernando de Noronha, que tiene un acceso muy restringido. A la isla sólo se puede llegar por aire, principalmente en los pequeños aviones de la aerolínea Azul, para sólo unos 40 pasajeros, que son aptos para aterrizar en la corta pista de aeropuerto, situado en el centro de la isla, en la parte llana de lo que fue la caldera del volcán extinto, del que sobrevive uno de los iconos paisajísticos de la isla, el Morro do Pico, una aguja basáltica que tiene una altura de 323 metros.

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el Morro do Pico, uno de los iconos paisajísticos de la isla

La isla admite unos 250 visitantes por día, que es el número que suele dejarla también, por lo que no tiene épocas de aumento considerable del turismo. A la llegada al aeropuerto es necesario pagar la Tasa de Preservación Ambiental, que varía en función de los días que se vaya a permanecer en la isla. Nosotros pagamos unos 80 euros por persona.

En nuestro alojamiento se ofrecieron a recogernos en el aeropuerto sin cargo alguno y, en el trayecto, la chica que fue a buscarnos, nos paró en las oficinas del parque nacional, ya que, para acceder a él, ya sea a sus playas, sus instalaciones o los senderos, se precisa de un ticket que cuesta unos 70 euros y vale para 10 días.

Como se ve, nada más poner pie en tierra se empieza a desembolsar dinero. Esto lo sabíamos desde que empezamos a organizar el viaje, así que no nos pilló de sorpresa.

En esas mismas oficinas se pueden reservar los permisos para acceder a los senderos (trilhas) que se pueden realizar por el parque y que precisan de un guía que te acompañe para recorrerlos y que sólo admiten un cupo de 40 personas por día. Para el período de nuestra estancia, sólo estaba disponible la Trilha de Capim Açu, de 5,2 kilómetros de recorrido circular y bastante exigente. 

De tu cuenta corre el buscar el guía, de lo que también se encargó la diligente Apoli, la chica del alojamiento, que nos puso en contacto con uno de ellos, al que tendríamos que pagar muy poquito menos de 100 euros por acompañarnos por el sendero durante unas 5 horas.

Con todo esto hecho, fuimos a nuestro alojamiento en la parte oriental de la isla, una de las dos habitaciones simples pero muy cómodas que comparten edificio con una agencia de tours en catamarán. Nos instalamos y decidimos echar la tarde en una de las playas cercanas, a las que podíamos ir andando.

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nuestro alojamiento en Noronha

A unos 15 minutos a pie, por un camino de piedras bastante incómodo para ir en chanclas, se llega a tres playas que, dependiendo de la época del año y las mareas, pueden estar comunicadas por la arena. No era el caso en estas fechas y se precisaba hacerlo por arriba, por la carretera. De este a oeste, la primera y más pequeña se llama Praia do Cachorro. una pequeña cala que, con la marea alta, no tiene arena y no es posible el baño. Tomamos unas fotos y volvimos a subir a la carretera.

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Praia do Cachorro

Colindante con la anterior se encuentra la Praia do Meio, bastante más extensa y que estaba batida por unos imponentes trenes de olas con los que se atrevían algunos surfistas. Tampoco aquí era muy recomendable el baño.

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Praia do Meio con la Ilha da Conceiçao al fondo

Más aún hacia el oeste y separada de la anterior por la Ilha da Conceiçao, está la más extensa de las tres playas, Praia da Conceiçao, un extenso arenal que tiene en su extremo occidental  el Morro do Pico.

Esta playa sí que dispone de todas las infraestructuras propias de las playas para pasar el día: sombrillas y tumbonas, chiringuitos y vendedores de cocos, refrescos y comida que pasaban de tanto en tanto.

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vista de la Praia da Conceiçao desde el oeste

Aquí echamos hasta el atardecer, que ocurre a las seis de la tarde y retornamos al alojamiento para irnos a cenar. Para mi gusto, muy buena gastronomía, especialmente para los amantes del pescado.

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atardecer en Praia da Conceiçao

el Mirante do Francês

La isla de Noronha tiene una forma alargada, con orientación aproximada E-W. Hay una sola carretera asfaltada que une el puerto, en el extremo este, con el aeropuerto y la Praia de Sueste, en el sur. El resto son carriles de tierra o senderos no transitables con vehículos.

El desplazamiento por la isla se puede hacer mediante el autobús público, el más económico, que sólo transita por la carretera asfaltada; en taxi, que tiene tarifas asequibles y fáciles de encontrar en los accesos a las zonas más concurridas de la isla y también en pequeños coches de alquiler: el buggy.

Todo el litoral del norte da al llamado Mar de Dentro, que es la parte más resguardada de los vientos predominantes y el litoral sur da al Mar de Fora, expuesto a los vientos y oleajes más fuertes. En el extremo más oriental se encuentra el Mirante do Francês, donde se unen estos dos mares.

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el Mirante do Francês

Este mirador tiene un acceso relativamente fácil a pie desde el puerto. Desde él hay una vista de algunos de los islotes que conforman el archipiélago, que son parte del parque nacional y están deshabitados .

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Ilha Rasa e Ilha Sela Gineta, desde el mirador

En el recorrido a pie  también pasamos por el Museo de los Tiburones, que consta de una pequeña sala dedicada a los tipos de tiburones existentes en el archipiélago con una exposición de mandíbulas y algunos esqueletos, incluido el tiburón tigre, el más peligroso de los que se dejan ver por estas aguas. El museo también tiene una zona recreativa en la que hay un tiburón de aspecto más simpático con el que hacerse fotos y un restaurante que suele estar muy concurrido.

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en el Museo de los Tiburones

Por detrás del museo hay un corto sendero que lleva al Mirante Buraco da Raquel, en la vertiente del Mar de Fora, desde donde se contempla la Praia de Caieria, que está batida por un fuerte oleaje y tiene el acceso restingido, ya que forma parte del parque.

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panorámica de la playa de la Caieria

el Porto de Santo Antonio

Pasar más de una vez por el puerto de Noronha en una estancia de varios días es casi inevitable. La zona del puerto es de las más concurridas y animadas de la isla, ya que de aquí parten todas las excursiones en barcos o botes para los tours por mar y la práctica de snorkel y buceo, además de disponer de una playa resguardada del oleaje y con un fondo somero con mucha fauna marina. En el puerto también se concentran las mejores tiendas para compra de recuerdos o alquiler de material para actividades acuáticas.

Aunque nos habían desaconsejado hacer snorkel en esa época del año, por las condiciones del mar, preguntamos en una de las tiendas y nos dijeron que podíamos hacer snorkel a nuestro aire pero que, por el oleaje y las corrientes, nos recomendaban tomar uno de los guías que estaban allí mismo a la entrada del puerto. Concertamos una hora de snorkel nosotros dos por 300 reales (unos 50 euros) en el puerto exterior, donde había más visibilidad y mayor probabilidad de ver tortugas y tiburones.

El guía cogió un aro salvavidas y nos dirigimos hacia las rocas para internarnos en el mar. Yo comprendí que iba a necesitar las dos manos y desistí de llevar la GoPro, siendo el guía el que se encargó de las grabaciones y las fotos. Nos ayudó a sortear las rocas y nos indicó el momento exacto en que, pasado un tren de olas, nos teníamos que lanzar al agua y agarrarnos al salvavidas, que él se encargaría de arrastrarnos mar adentro.

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haciendo snorkel en el puerto exterior

Llegamos a una zona donde había bastantes peces a nuestro alrededor, con el fondo a unos 5 metros de profundidad. El guía localizó algunos tiburones gato que estaban reposando en el fondo del mar y escondidos entre las rocas y que se movieron algo con su presencia.

Este tipo de escualo, a pesar de su tamaño, mayor de dos metros y medio, no representa una amenaza para los humanos. Claro está, es conveniente mantenerse alejado de ellos y no molestarlos.

Después de pasar un rato contemplando tiburones, el guía puso rumbo a una zona con rocas más someras, donde había gran cantidad de pequeños algún que otro pulpo camuflado en las oquedades.

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peces multicolores y pulpo camuflado

Estábamos ya bastante cerca de la orilla y el oleaje empezaba a notarse, por lo que había que tener cuidado de no darse un golpe contra las rocas. Pensábamos que era el momento de empezar a salir del agua, pero el guía nos señaló hacia abajo y pudimos ver y nadar junto a tres grandes tortugas, que eran arrastradas y volteadas por las olas igual que nosotros. Hemos visto tortugas en otros viajes, pero ésta ha sido la ocasión en que más cerca hemos estado de ellas.

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una gran tortuga verde

La salida del agua fue algo más complicada que la entrada porque el oleaje había aumentado. Antes de despedirnos, el guía nos dió recomendaciones para hacer snorkel en la parte del puerto interior. Allí hay una pequeña playa protegida que cuenta con sombrillas de alquiler y un restaurante, siendo un lugar muy concurrido para bañistas.

Aquí vimos muchos tiburones limón, de menor tamaño que los nodriza, pero más activos y que llegaban hasta la misma orilla, donde se les podía fotografíar desde fuera del agua.

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tres tiburones limón nadando cerca de la playa del puerto

el Mar de Dentro por tierra y en catamarán

Continuando el recorrido hacia el oeste por el litoral de Mar de Dentro, después de la Praia da Conceiçao, en la que estuvimos el primer día, se encuentran los restos de una fortaleza del siglo XVIII, bastante mal conservados y engullidos por la vegetación, el Forte Sao Pedro do Boldró, donde hay un mirador, al que se puede llegar en coche, con vistas a la Praia do Boldró y Praia do Americano. Ésta última debe su nombre a que es en la que se instalaron los marines que vinieron a la isla durante la Segunda Guerra Mundial.

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los restos del Forte Sao Pedro do Boldró
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Praia do Boldró
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Praia do Americano con el Morro Dois Irmaos al fondo

El recorrido por el litoral del Mar de Dentro que no se encuentra en el área protegida del parque nacional termina en la Praia de Cacimba do Padre, de muy fácil acceso por carretera y una de las predilectas para el baño, tomar el sol y, sobre todo, practicar el surf.

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Praia de Cacimba do Padre

Al final del extenso arenal de la playa, subiendo por el acantilado, se accede al Mirante dos Dois Irmaos, uno de los miradores más solicitados, pues desde él hay las mejores perspectivas de otro de los iconos de la isla: los dos islotes conocidos como Morro dos Dois Irmaos. Para hacerse las fotos hay que ir con un poco de paciencia porque hasta aquí llegan las parejas de novios para hacerse reportajes con fotógrafos profesionales.

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en el Mirante dos Dois Irmaos

Este mirador está en el límite del parque nacional, que comienza desde la bonita Bahía dos Porcos, que se ve bastante mejor desde un mirador en el sector Golfinho Sancho, ya dentro del parque y, por tanto, con necesidad del ticket para su acceso.

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la Baia dos Porcos desde el mirador

El propietario de nuestro alojamiento gestionaba también una empresa de navegación turística por la isla y, por ser sus huéspedes, nos ofreció un tour en catamarán de seis horas que abarca de extremo a extremo del Mar de Dentro con un buen descuento y nos animamos a hacerlo, aunque no entraba en nuestros planes iniciales.

A cada local que preguntábamos qué tiempo hará mañana o, incluso, ese mismo día, la respuesta era “imprevisible” y eso fue lo que nos encontramos durante la estancia. A pesar de estar aún en la estación seca, casi todos los días pasábamos por ratos de sol, ratos de nubes y, sobre todo de noche, unos chubascos importantes.

Para la navegación llegamos al puerto con un tiempo que había pasado de despejado mientras desayunábamos a algo nuboso, pero con unos nubarrones muy amenazantes viniendo desde el este, que era hacia donde nos íbamos a dirigir para recorrer las islas que habíamos visto desde el Mirante do Francês.

A poco de empezar la navegación empezó a lloviznar y cuando alcanzamos las islas ya jarreaba, de tal manera que las vimos mejor desde el mirador que desde el barco, a pesar de acercarnos a ellas. La lluvia, con algunos parones, nos acompañó ya toda la navegación.

 Al final de las islas, dimos media vuelta y, pasando de nuevo cerca del puerto, fuimos recorriendo todas las playas que habíamos visitado los días anteriores.

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el Morro do Pico y las playas del Mar de Dentro desde el catamarán

Recorrido en el que fuimos acompañados de tanto en tanto de grupos muy numerosos de delfines, que saltaban delante del catamarán. La propaganda turística de Noronha la define como un acuario natural y tiene bastante de razón.

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delfines acompañando al catamarán

En los ratos en los que la lluvia amainaba, aprovechamos para tomar fotos de la isla con la perspectiva desde el mar. Ineludibles los Dois Irmaos, donde el catamarán paró un poco para que todo el que quisiera pudiera posar desde la proa.

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los Dois Irmaos vistos desde el catamarán

Finalmente, la navegación llega hasta el extremo occidental de la isla, donde se encuentra la Ponta de Sapata, que tiene una cueva que comunica el Mar de Dentro con el Mar de Fora.

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panorámica de la Ponta de Sapata desde el catamarán

Doblamos la punta con un fuerte oleaje y dimos media vuelta para iniciar el retorno hacia la Praia do Sancho, donde pararíamos para hacer snorkel. Esta playa tiene un acceso muy restringido, pues se encuentra dentro del parque nacional.

Cuando llegamos a la playa llovía otra vez con intensidad, así que, dentro del agua se estaba mejor que en la cubierta del catamarán. Fuimos muy pocos los que nos metimos a hacer snorkel. Estuvimos una hora entre multitud de peces, pero con no mucha visibilidad porque no entraba apenas luz del sol.

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Inma haciendo snorkel en Praia do Sancho

En la zona de rocas más someras, había más visibilidad y pudimos ver mayor variedad de peces que en el puerto. También vimos un tiburón gato y no es difícil ver tortugas, pero nosotros sólo las vimos desde la orilla cuando visitamos la playa. 

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el jurel ojón, de cola amarilla y el pez cirujano azul
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pez loro a la izquierda y pez pintano a la derecha

Después del snorkel y de la comida a bordo, pusimos rumbo al puerto donde llegamos con la lluvia otra vez arreciando. Parecía que la temporada seca había puesto punto y final.

Con la navegación en catamarán termino esta primera entrada de nuestro viaje a Fernando de Noronha. La siguiente, ocupará la visita al parque nacional y el Mar de Fora.

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