En 2.023 teníamos pensado realizar un viaje a Nueva Zelanda, que incluiría una escapada a la Polinesia y vuelta a casa. Después decidimos que, una vez en las antípodas tanto daba continuar viajando hacia el este y, buscando las mejores combinaciones, finalmente el itinerario tuvo las siguientes etapas: Tailandia, Australia, Nueva Zelanda, Polinesia Francesa y Estados Unidos, siendo las principales estancias las dos de la idea originaria y, en el resto, pequeñas paradas.
Salíamos a mediados de enero, con cambios de clima extremo según la etapa: frío, calor, lluvia y diferentes objetivos: senderismo, playa, snorkel…lo cual obligaba a llevar equipación muy variada. Decidimos ir con lo imprescindible en bolsas de viaje medianas (poco más de 15 kilos) y hacer uso de servicio de lavandería cuando se requiriera.
Llegada a Tailandia y rumbo al Kaeng Krachan
El guía nos explicó que el parque atraía ornitólogos de todo el mundo, dada su variedad de aves, con más de 400 especies. Sobre el resto de la fauna, era fácil observar primates, con algo de suerte leopardos y los elefantes, muy difíciles de avistar, ya que sólo bajaban de noche desde las partes altas, donde tenían su hábitat.
En este trayecto nos encontramos a varios grupos de ornitólogos, equipados con cámaras con enormes objetivos. Por sus exclamaciones, se veía que estaban disfrutando de la jornada.
Junto con las aves, subidos a los árboles, vimos ejemplares de dos especies de primates: el Langur de anteojos y el Gibón.
El parque también posee una gran variedad de especies vegetales, algunas muy raras, como la Sapria Carnero, que es parásita y crece sobre otras plantas.
Uno de los puntos más curiosos del parque es el vado del río donde hay una enorme concentración de mariposas. Las señales de tráfico advierten de que hay que circular con precaución para evitar atropellarlas.
El parque dispone de una serie de senderos estrechos que parten y terminan en la carretera principal y permiten hacer trayectos a pie protegidos por la arboleda del sol implable de la estación seca en la que estábamos. Transitando por estos caminos esperábamos ver insectos gigantes, otro de los alicientes de este parque. Si pasamos cerca de alguno, no lo vimos, ya que se camuflan de manera perfecta en la vegetación. El guía nos pasó una foto de uno que se encontró posado en su pantalón hacía pocos días.
Cuando estábamos dejando el parque después de la primera jornada y ya anocheciendo, tuvimos un fugaz encuentro con un leopardo que cruzaba la carretera. La cámara GoPro de nuestro guía consiguió grabarlo, pero la imagen es de muy poca calidad. Doy fe de que la mancha que se ve en la margen derecha de la carretera, iluminada por el foco del guía, era un leopardo. En cualquier caso, en vivo pudimos verlo razonablemente bien y, cuando el coche llegó a su altura, estaba parado en el arcén y lo vimos perderse rápidamente entre la maleza.
subida al mirador Panoen Tung
El segundo día lo empezamos también muy temprano, ya que es a primera hora cuando hay más posibilidad de ver fauna, especialmente los elefantes. Pudimos ver los destrozos que provocan en la vegetación y sus excrementos recientes sobre la calzada, pero ni rastro de ellos.
Después nos dirigimos, en una interminable ascensión por una carretera en muy mal estado, a la parte alta del parque, para ver las vistas del mar de nubes desde el mirador Panoen Thung. En el camino vimos infinidad de monos en los árboles o caminando por la carretera.
El tiempo restante en el parque lo dedicamos a recorrer sus pozas y lagunas artificiales que son los sitios más propicios para ver la fauna cuando van a abrevar. Todavía pudimos ver algunos bonitos ejemplares de aves, como la llamativa Hada Azul Asiática.
A la hora del almuerzo fuimos a comer a uno de los restaurantes en la entrada del parque. Mientras esperábamos que nos sirvieran, nos pusimos a contemplar una foto espectacular de un leopardo y una pantera juntos. La camarera me señaló a nuestro guía y éste nos dijo que la foto la había tomado él tres semanas antes con un grupo de turistas, junto a una de las pozas que ya habíamos recorrido varias veces. Al igual que con el insecto hoja, nos pasó la foto que es bastante mejor que la que puse antes del avistamiento fugaz que tuvimos la noche anterior.
Terminamos la estancia en Kaeng Krachan un poco decepcionados pues, aunque todo es cuestión de suerte en los safaris, es difícil en dos días no poder ver al menos algunas de las principales atracciones del parque. Especialmente frustrante resultó lo de los insectos gigantes, que había leído eran muy abundantes. Lo de los elefantes era previsible y nosotros ya los habíamos visto en Sri Lanka. El leopardo es muy esquivo y difícil de ver, al menos de cerca, como ya habíamos comprobado en la misma Sri Lanka y en Sudáfrica. En cualquier caso, el esfuerzo del guía y el conductor fue improbo y recorrieron una y otra vez los recovecos del parque en busca de un encuentro casual.
en el puente sobre el río Kwai
La segunda excursión a espacios naturales que realizamos en Tailandia fue al Parque Nacional de Erawan, para ver sus siete famosas cascadas, que se encuentra a unos 200 kilómetros de Bangkok. Contratamos un tour en el que fuimos solos con el chófer y una simpática guía que hablaba en un inglés perfectamente entendible para nuestro nivel.
De camino hacia el parque, hicimos una parada para ver el puente sobre el río Kwai, conocido por la famosa película de la Segunda Guerra Mundial que, por cierto, no se rodó allí.
Concebido para el paso de trenes, aún sigue en uso hoy día. Tiene habilitadas unas plataformas para refugiarse en ellas si un tren viene mientras se recorre.
las siete cascadas del río Tala
Después de tres horas de viaje, llegamos al Parque Nacional Erawan. El lugar estaba bastante concurrido, a pesar de haber evitado ir en fin de semana, como nos recomendaron.
Después de pagar las entradas, puedes hacer uso de las taquillas para dejar pertenencias y ponerte el bañador, pues está permitido el baño en algunas de las cascadas.
El recorrido, de 1.500 metros de longitud, es una ascensión a lo largo del río Tala con siete cascadas principales, en un entorno selvático.
Un letrero, a modo de menú de restaurante asiático, con una foto de cada una de las cascadas, indica su nombre y la distancia a que se encuentran.
La primera cascada se llama Lai Kun Rang, que sólo está a 20 metros de distancia del inicio del sendero y en ella está prohibido el baño.
Continuando la subida, a 170 metros está la segunda cascada, llamada Wang Mat Cha, en la que sí está permitido bañarse.
En su poza hay peces que te picotean continuamente y manteniendo los pies en el agua hacen un magnífico trabajo de podología.
Continuando el sendero arriba, hay unos bonitos saltos que no son una de las siete cascadas.
La tercera de las cascadas se llama Pha Nam Tok, está a 220 metros. Es muy bonita, aunque no se puede tener una vista frontal, salvo desde el agua.
En las tres primeras cascadas es donde más visitantes se acumulan. Entre las cascadas tercera y cuarta ya hay 300 metros de distancia, aumenta la pendiente y esto hace que empiece a disminuir la cantidad de gente que sube,
La cuarta cascada, llamada Oke Nang Phee Sue, al no tener caída libre, resulta menos vistosa en la época seca, con menos caudal de agua, que es cuando estuvimos.
Ver las cascadas en época de lluvias o en la estación seca tiene grandes diferencias: en la primera el río baja con mucho caudal, pero su agua es achocolatada, mientras que en la segunda, aunque disminuye su nivel el agua es azulada y cristalina. Sin duda, las cascadas lucen mucho más en esta época.
Entre la cuarta y la quinta cascadas hay una distancia de 600 metros, donde el sendero discurre por una selva muy frondosa con saltos y rápidos en el río.
La quinta cascada, llamada Buar Mai Long, está a 1.120 metros desde el inicio del sendero y ya fuimos pocos los que llegamos hasta ella. Se compone de varios saltos que terminan en uno último más alto donde se forma una poza en la que también está permitido el baño. Aquí la misma pregunta que en la segunda y la tercera: ¿es ésta la más bonita de todas?
Entramos ya en la parte de más fuerte pendiente y el esfuerzo para ascender se deja notar. Por aquí ya éramos muy pocos los que subíamos. La cascada Dong Pruk Sa está separada de la anterior por 300 metros que tardamos más tiempo en recorrer. Se compone de varios grandes saltos, con poca agua en esta época
En total, hay un desnivel de 220 metros entre la primera y la séptima cascadas, un recorrido con una vegetación exuberante y el sonido del las aves y el rumor del agua al caer por los saltos y cascadas.
Después de descender por el mismo camino de subida, comimos (mucho arroz) en el mismo parque y emprendimos retorno a Bangkok, sólo con una parada para dejar a nuestra guía.
Con esto termino esta primera entrada sobre Tailandia. En la siguiente contaré la visita al Parque Histórico de Ayutthaya y lo que vimos de la capital.
