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En el reino de Swatini (Suazilandia)

el último monarca de África

Suazilandia es un pequeño país, con una monarquía absoluta, que hace frontera con Sudáfrica y Mozambique. Organizando el viaje que íbamos a realizar en el año 2.016 al Parque Nacional Kruger en Sudáfrica, leí que allí no era muy fácil ver rinocerontes, los cuales estaban siendo trasladados a otras regiones para preservarlos de la caza furtiva. Fue por esto que decidimos pasar algunos días en Suazilandia y visitar la Reserva de Mkhaya, que es uno de los refugios para esta especie en peligro de extinción.

Tomamos un vuelo directo y nocturno desde Madrid a Johannesburgo y en su aeropuerto nos esperaban para hacer un viaje en coche de unas cinco horas hasta Mbabane, la capital del pais, donde haríamos noche. El paso de la frontera fue sin complicaciones y allí ya empezamos a ver que sus habitantes miran a su vecino como un coloso y que Suazilandia también existe.  

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recien entrados a Suazilandia

en el Parque Nacional Hlane

Nuestro plan en la corta estancia en Suazilandia era emplear un día en el Parque Nacional Hlane que está cerca de la frontera con Mozambique y, el siguiente día, al refugio de los rinocerontes.

Hacia el Hlane partimos por la mañana temprano porque, aunque las distancias no son largas, el avance es bastante lento.

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en la entrada del parque Hlane
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foto de recuerdo en la verja de entrada

Se trata de un pequeño parque muy próximo a zonas habitadas, por lo que es cerrado y tiene altas verjas, cancelas y alambradas que no transmiten sensación de libertad para la fauna.

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manada de antílopes junto a una charca

La vegetación es de sabana con arbusto espinoso en el que se internan los grandes herbívoros. Una zona del parque, en la que no hay depredadores, se puede visitar a pie acompañados de un guía, en un paseo de algo más de una hora donde nos fue mostrando rastros de animales y cómo avistarlos entre tanta vegetación.

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caminata por el bosque arbustivo
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termitero sobre el tronco de un árbol

El paseo a pie termina en una charca donde se concentran los antílopes para abrevar. A partir de aquí comenzamos la visita en 4×4.

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antílopes junto a un abrevadero

Nos sorprendió encontrarnos al principio del itinerario con una manada de rinocerontes blancos junto a una charca, ya que no sabíamos que los había en el parque. El todoterreno pasó  muy cerca de ellos. 

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rinocerontes blancos descansando junto a una charca
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foto de recuerdo con los ricocerontes de fondo
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los afilados cuernos tan codiciados por los furtivos

Pasadas algunas alambradas más, avistamos entre la vegetación seca algunos elefantes y kudus, antílopes de gran tamaño.

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elefantes entre los arbustos secos
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el matorral es el hábitat natural del kudu

Al final del tour, ya al atardecer, y después de pasar varias cancelas más, pudimos ver una manada de leonas y leones jóvenes, junto a las alambradas que delimitan el parque. El guía paró el motor del coche muy cerca de ellos y nos dijo que no había peligro en tanto que no sacaramos ninguna parte del cuerpo fuera.

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uno de los leones cerca de nuestro coche
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esto no es un bostezo, si no una advertencia

El parque nos pareció más bien una reserva, por la limitación de espacio para la fauna y daba la sensación de que los depredadores estaban separados de sus presas potenciales. Sí nos sorprendió el gran número de rinocerontes del parque, señal de que cuenta con medidas eficientes para su protección. 

A la  salida, el guía nos dijo que dentro habitaba un pequeño cocodrilo del que no nos habló antes de entrar para que no renunciáramos a la visita. 

El santuario de los rinocerontes

Nuestro tercer día en Suazilandia lo dedicamos por completo a visitar la Reserva Mkhaya, lugar con una gran concentración de rinocerontes, la inmensa mayoría blancos y algunos negros, estos últimos los más amenazados de extinción. Como reza en la placa de la entrada, fue el rey de Paises Bajos quien financió su fundación.

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placa a la entrada de la reserva

Debido al problema de la caza furtiva en los grandes parques nacionales abiertos, donde la vigilancia es más difícil, algunos gobiernos africanos han decidido protegerlos llevándoselos a reservas recónditas, incluso fuera del propio país, donde los furtivos tienen más dificultades de acceso y escapatoria.

La visita a la Reserva Mkhaya debe ser concertada previamente y, una vez que llegas a la entrada, cambias de vehículo y permaneces en todo momento junto al guía que explica en el recorrido la historia del refugio faunístico y aspectos de su funcionamiento.

 
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en la cancela de entrada de la reserva

Nada más acceder a la reserva, pasamos junto a las instalaciones donde se encuentran los animales que necesitan especial cuidado, entre ellos las crías que han podido quedar huérfanas por haber sido abatidas sus madres.

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cria de rinoceronte blanco

A pesar de de tener una superficie menor que el Parque Hlane, la reserva tiene una mayor diversidad paisajística, con humedales en torno a los cuales vive una fauna más variada. un fuerte oleaje.

 

Los rinocerontes que vimos en la reserva eran todos blancos. El color no los diferencia de los negros: todos son grises. La principal diferencia está en el hocico, que en los blancos es cuadrado y en los negros es puntiagudo.

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pareja de rinocerontes entre los arbustos
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ejemplares bloqueando el camino

En torno a las charcas hay mayor diversidad: allí pudimos ver hipopótamos, cocodrilos y facóqueros.

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hipopótamos tomando un baño
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cocodrilo esperando a una presa
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el facóquero, más conocido como Pumba

A mitad de mañana hicimos una parada para comer y después recorrimos las zonas de bosque y matorral más denso, donde dimos cebras y jirafas. Dado que en la reserva no hay depredadores, estos hervíboros pacen aquí de manera despreocupada.

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reponiendo fuerzas a mitad de mañana
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jirafa entre el matorral denso
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una cebra de Chapman

El siguiente objetivo fue recorrer charcas y senderos de la reserva a la espera de ver algún rinoceronte negro, lo que no conseguimos. En esta parte del recorrido, hicimos la única parada en que se nos permitió bajar del 4×4 y observar a una manada de rinocerontes que venían de tomar un baño en una charca. 

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pareja realizando ritual de apareamiento
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el hocico cuadrado identifica al rinoceronte blanco

Hacia el final de la visita, cuando nos dirigíamos hacia la puerta de salida, el guía paró junto a un cúmulo de huesos y nos explicó que correspondían, por un lado, al último rinoceronte muerto en la reserva para robarle el cuerno hacia dos años y, por otro, a los cadáveres de los dos furtivos que fueron sorprendidos y abatidos por los guardas de la reserva, que tienen licencia gubernamental para disparar a matar.

Concluida la visita a la Reserva Mkahaya retornamos a nuestro hotel y a la mañana siguiente volvimos a pasar la frontera con Sudáfrica con rumbo al Parker Nacional Kruger, donde pasaríamos los cincos días restantes de este viaje y que formará parte de la proximada entrada de este blog.

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