En un corto vuelo desde Balmaceda a Puerto Montt, dejamos atrás la Región de Aysén y nos fuimos a la parte norte de la Patagonia chilena: la Región de los Lagos.
Llegados a Puerto Montt, cogimos un coche de alquiler y nos fuimos directamente a Puerto Varas, a 25 kilómetros de distancia, destino turístico preferente de los chilenos en época estival. Después de avituallarnos en un supermercado, tomamos alojamiento en una cabaña junto al Lago Llanquihue. Allí íbamos a pasar tres días antes de partir hacia el sur.
La planificación de nuestra estancia en la Región de Los Lagos era, con centro en Puerto Varas, visitar los Parques Nacionales Puyehue, Vicente Pérez Rosales y Alerce Andino, con la idea de hacer algunos de los senderos de los menos complicados.
en el Parque Nacional Puyehue
Tomamos la carretera que circunda el lago Llanquihue y, pasada la localidad de Ensenada, que da entrada al Parque Nacional Vicente Pérez Rosales (que visitaríamos al día siguiente), nos dirigimos a la villa de Las Cascadas.
Al contrario que en la tarde de nuestra llegada, el día amaneció completamente nublado y amenazando lluvia. Del omnipresente volcán Osorno, con su cumbre nevada, no había ni rastro.
El volcán Osorno, aparentemente tranquilo, se considera que tiene un alto riesgo de entrar en erupción, así que en las localidades próximos hay establecidos protocolos para su evacuación..
En la comuna de Las Cascadas, nos desviamos ligeramente por una carretera de ripio para ver el Salto Las Cascadas. La comunidad cobra una entrada por usar el parking y acceder al salto, que está destinada al mantenimiento de los accesos.
A la cascada se va por un corto sendero dentro de un barranco y se llega a su parte baja. Se sitúa en el río Blanco, que va a dar al lago Llanquihue y tiene una caída libre de 50 metros.
Continuamos la ruta por la orilla del lago y después nos desviamos al norte para llegar a Entre Lagos, a orillas del lago Puyehue. Siguiendo su margen sur llegamos hasta la entrada del parque, en el sector denominado Anticura.
El tiempo seguía sin aclarar, así que no teníamos una vista del volcán Puyehue, que corona el parque, con sus más de 2.200 metros de altitud.
Como el centro de visitantes estaba cerrado, seguimos las indicaciones de los paneles informativos e hicimos un sendero denominado El Pudú, de 3,5 kilómetros de longitud, que discurre dentro de un frondoso bosque de siempreverde y en el que hay dos cascadas. La primera de ellas, llamada Cascada Anticura, es un precioso salto al inicio del recorrido.
El sendero tiene todo un recorrido ascendente, de algo más de una hora de subida, siempre dentro del bosque lluvioso, hasta que se llega a la segunda cascada, llamada Pudú, más alta que la anterior y que debe su nombre, al igual que el sendero, a un pequeño ciervo propio de esta región. Desde aquí, se hace el regreso por el mismo camino de venida.
Abandonamos el sector de Anticura y fuimos al sector de Aguas Calientes a ver los Rápidos del Chanleufu.
Con esto terminamos las visitas al Parque Puyehue, sin poder ver el volcán que seguía estando cubierto por las nubes. Hicimos el retorno bordeando el lago Llanquihue por el este, pero la carretera se aleja de su orilla y no es nada vistosa. Llegados a Puerto Varas, con el tiempo ya aclarando, estuvimos viendo la laguna La Poza , muy cerca de nuestro alojamiento.
los Saltos de Petrohué
Con los Saltos de Petrohué comenzamos, al día siguiente, la visita al Parque Nacional Vicente Pérez Rosales, que es el más antiguo del país, fundado en 1.926, y engloba los volcanes Osorno, Puntiagudo y Tronador.
Algunas partes del parque son de acceso libre, como la subida al volcán Osorno, pero otras son de pago y ese es el caso del sector Saltos de Petrohué. Nosotros llevábamos nuestras entradas compradas con antelación por internet.
Los Saltos de Petrohué son unas cascadas provocadas por el flujo del agua proveniente del cercano lago de Todos los Santos al atravesar antiguas coladas de lava del volcán Osorno. Sobre ellas se han habilitado pasarelas y miradores desde donde observar los saltos con diferentes perspectivas.
Desde los saltos hay magníficas vistas del volcán Osorno, que ese día con un cielo azul intenso, lucía en todo su esplendor.
Continuando río arriba hay una sucesión de rápidos y saltos hasta llegar al lago Todos los Santos, que es donde nace el río Petrohué. Este trayecto se hace siguiendo la carretera 225, que tiene una serie de miradores en los puntos más pintorescos.
El final de la carretera 225 conduce a la pequeña localidad de Petrohué, lugar muy concurrido en esta época del año, vacaciones de verano en el hemisferio sur.
Tiene un puerto de donde salen cruceros para navegar por el lago y la parte remansada del río hasta llegar a los rápidos y donde se puede comer asado durante la travesía.
Nosotros nos comimos un bocadillo en un merendero a orillas del lago. No digo sentados en él porque los coliguachos, especie de tábano chileno atraído por nuestra sangre, no te dejan parar un segundo por su persistencia. En las caminatas comprobé que si eras capaz de deshacerte de uno, los demás desaparecían durante un buen rato. Un pequeño alivio, porque eran realmente desesperantes.
el volcán Osorno de cerca
Nuestra visita al Parque Nacional Vicente Rosales terminó con un recorrido por el sector de Ensenada, que incluye la ascensión al volcán Osorno. El acceso a este sector es gratuito y en él hay varios senderos en el entorno del volcán.
Realizamos, aproximadamente, la mitad del sendero nº 8: El Solitario, pero lo monótono del recorrido, que después había que hacer de vuelta, y la abundancia de coliguachos, nos determinó a regresar.
En el volcán Osorno existe una estación invernal de esquí, con lo cual dispone de una carretera asfaltada, la V-555, que permite llegar hasta el parking junto a las instalaciones y los remontes.
En la subida nos topamos con un zorro Chilla en el margen de la carretera. Fue el único animal que vimos en el parque.
Continuando la ascensión, se llega al mirador El Bosque, con muy buenas vistas al volcán Calbuco y el lago Llanquihue.
Antes de llegar a la estación, se puede hacer el sendero nº3, llamado El Puma, que es corto pero de mucha pendiente y con el que se llega a la colada de la última erupción del volcán, que fue en 1.835.
Al final del sendero, además de la vista hacia el lago y los picos de Los Andes, se distingue ya el Cráter Rojo, pequeño volcán al pie del Osorno.
El retorno del sendero es por el mismo camino, pero todo en descenso. La subida había sido fatigosa por la pendiente, pero en la bajada, por la fina grava de los piroclastos del volcán, fue inevitable poner el trasero varias veces en tierra.
Llegados a la estación de esquí, hay la opción de tomar los remontes, que en verano funcionan para llevar a los turistas hasta las nieves perpetuas del Osorno. Nosotros preferimos continuar caminando y hacer el sendero Cráter Rojo que, en un recorrido circular de 1.5 kilómetros va por el borde de este cráter en la falda del volcán.
Concluida la visita al volcán y de vuelta a la orilla del lago Llanquihue, hicimos una breve parada en la pequeña Laguna Verde, que está cerca de la localidad de Ensenada y con esto, dimos por terminadas las visitas en el parque nacional Vicente Pérez Rosales.
caminata al alerce milenario
Al día siguiente por la tarde, teníamos el vuelo a Punta Arenas desde Puerto Montt, de tal manera que nos quedaba la mañana para hacer alguna visita en el Parque Alerce Andino y escogimos empezar por el Alerce Milenario.
El parque tiene tres sectores. En el más alejado de Puerto Montt, el sector Chaicas, es donde se encuentra el Alerce Milenario. Para llegar a allí, tuvimos que ir por varios tramos de ripio, y llegar a la localidad de Lencas, desde donde se accede al parque.
En el camino de acceso al parque recogimos a una pareja de autoestopistas chilenos que iban también a visitarlo y que estaban haciendo un viaje desde Santiago a dedo. En la conversación que mantuvimos en el trayecto, se mostraron muy sorprendidos cuando les dijimos que en España no está permitido hacer autostop en gran parte de las carreteras, porque en Chile seguía siendo una forma habitual de desplazamiento. En mi época de estudiante también lo era. Los tiempos cambian.
El acceso al Sector Chaicas es de pago. Ya llevábamos, al igual que para el resto de los parques que íbamos a visitar, nuestras entradas compradas por internet.
El Sendero Chaicas, de dificultad alta, tiene un recorrido de dos horas, ida y vuelta hasta el Alerce Milenario. Dado que esperábamos poder ir a otro sector del parque y teníamos muy poco tiempo, iniciamos la caminata a buen ritmo, sin hacer paradas en el camino de ida.
Al principio el sendero discurre por una parte llana, siempre dentro de un bosque denso, hasta que se inicia la subida para llegar a los saltos del río Lenca. Desde ese punto, todo el itinerario de ida es en subida.
La ascensión continúa teniendo que cruzar de vez en vez a una y otra margen del río, hasta llegar al Alerce Milenario.
Es un árbol que recuerda a las sequoias gigantes, que vimos el año anterior en California. En realidad las dos son Cupresáceas, de la familia de las coníferas. Las sequoias son más altas, pero menos longevas. El Alerce Milenario tiene una altura de unos 40 metros, mientras que la sequoia General Grant Tree que vimos en el Kings Canyon National Park, supera los 80 metros.
El Alerce Milenario es un ejemplar solitario, no se ve otro en todo el recorrido. Su edad se estima en unos 3.000 años y, al parecer, existen en Chile ejemplares más longevos, cercanos a los 5.000 años. El panel informativo de CONAF al pie del árbol da unas curiosas referencias históricas de cuando no era más que un pequeño abeto navideño.
Llegados a este punto, decidimos continuar la ascensión, pues nos pareció que no íbamos a tener tiempo de visitar otros sectores del parque.
Nos quedaban casi dos kilómetros y medio de camino en ascensión hasta la Laguna Chaiquenes, que es un lago glaciar donde nace el rio Lenca.
Habíamos invertido más de dos horas y media en la ascensión y decidimos retornar, aunque el sendero aún continuaba algo más hasta la laguna Triángulo, también de origen glaciar.
En total, hicimos unos once kilómetros y empleamos cuatro horas y media en el recorrido de ida y vuelta. Llegados al coche, hicimos cálculos y consideramos que ya no teníamos tiempo para ir a otro sector, porque todos los puntos de interés precisaban de una caminata.
Tomamos dirección hacia el aeropuerto de Puerto Montt y comimos tranquilamente a mitad de camino. Por la tarde, cogimos el vuelo hacia Punta Arenas donde íbamos a empezar la etapa más larga de nuestro recorrido por la Patagonia.
