La última parte de nuestra viaje por la Isla Sur de Nueva Zelanda iba a discurrir a lo largo de los más de 350 kilómetros de carretera de costa que separaran Haast de Punakaki. En el camino, íbamos a desviarnos a algunas de sus playas más emblemáticas y volver a acercarnos a los Alpes del Sur para contemplar el glaciar Franz Josef.
desde Haast hasta Franz Josef
La carretera vuelve a alejarse de la costa y, al llegar al lago Moeraki, se pueden ver las indicaciones para el sendero que conduce a Monro Beach. Al inicio del mismo hay un cartel informativo de que estamos en un lugar de cría del pingüino crestado y con las normas a cumplir.
Al final de un sendero de vegetación muy frondosa se llega a una playa encajada entre acantilados. Estaba completamente desierta, incluidos los pingüinos que para esa fecha ya habían terminado la cría y habían migrado.
Estuvimos un buen rato contemplando la fuerza con que el oleaje rompía sobre los islotes dispersos junto a la playa. Pero la falta de pingüinos estaba suplida por cientos de moscas y mosquitos que hacian imposible estar quieto en un mismo sitio más de unos cuantos segundos y que nos obligaron a marcharnos antes de lo deseado.
Como empazaba a atardecer, pusimos rumbo hacia nuestro alojamiento en Franz Josef que es el centro neurálgico para recorrer el Parque Nacional Westland, donde se encuentran los glaciares de la vertiente oeste de los Alpes Neozelandeses. Dispone de varios restaurantes, especialmente de cocina asiática, supermercados y tiendas de suvenirs. Había mucha animación de turismo mayoritariamente local.
Desde la carretera 6 se puede acceder a los dos principales glaciares del parque Westland: el glaciar Fox y el glaciar Franz Josef. Nosotros escogimos visitar el segundo de ellos, el más afamado. Amaneció un día de cielo absoltamente despejado, así que las vistas estaban garantizadas.
Debido al retroceso del glaciar durante el siglo pasado, desde los miradores cercanos al parking, como el Sentinel Rock Walk, se tiene una vista lejana de su frente, con el valle del río Waiho por delante.
El glaciar retrocedió varios kilómetros entre los años 40 y 80 del siglo XX, para después iniciar un proceso de avance que se mantiene hasta la actualidad.
En el mirador del Sentinel Rock Walk hay letreros indicando que está prohibido adentrarse por el sendero que avanza por el cauce del río Waiho, por el peligro de crecidas imprevistas.
Otro de los senderos próximos al parking es el Douglas Walk, que pasa por la laguna Peters Pool.
El final del sendero lleva hasta la Roberts Track Views Platform, que es el punto de máximo acercamiento al glaciar para los visitantes habituales. Con el zoom de mi cámara pude tomar alguna foto de su frente.
la garganta del río Hokitika
Continuando por la carretera 6, hicimos una breve parada en el lago Mapourika, buen sitio para hacer un picnic y que dispone de áreas de acampada.
Nos íbamos acercando a la localidad de Greymouth, inicio de la icónica Great Coast Road, que hace famosa la región de West Coast, pero antes nos íbamos a desviar para visitar otro de los parajes más bellos de la zona: Hokitika Gorge.
Para llegar a ella hay que atravesar una red cuadriculada de carreteras locales en la vega del río Kakatahi, entre granjas y fértiles tierras de cultivo.
Como todos los lugares que visitamos en Nueva Zelanda, en Hokitika Gorge había un amplio aparcamiento y un sendero bien señalizado. Tenía un recorrido circular que pasaba por dos puentes colgantes. El río Hokitika, alimentado directamente por el deshielo de la cordillera alpina, baja con un agua de un intenso color azul celeste.
El sendero no presenta mayor dificultad, más allá del calor que hacía aquel día y desde los puentes se tienen muy buenas vistas de la garganta. Al igual que las Blue Pools, aquí también había bañistas que se atrevían con sus frías aguas y hacían acrobacias lanzándose desde las rocas de la orilla.
Se estaba acercando el final de nuestra estancia en Nueva Zelanda y, mientras comíamos un bocadillo en la zona de picnic después del recorrido, una pareja de franceses nos dijo que el aeropuerto de Auckland, desde donde debíamos de partir dos días después, estaba cerrado por inundaciones por las fuertes lluvias que habían azotado la Isla Norte los días anteriores.
Al decirles que nuestro siguiente destino era La Polinesía Francesa, empezando por Tahití y continuando por Moorea, nos dijeron «¡no, no! ¡Tahití no!», con un gesto de desagrado. Nos fuimos de la garganta con una doble preocupación: la del aeropuerto y la de qué encontraríamos en Tahití, que teníamos por un lugar idílico.
por la Great Coast Road
De vuelta a la carretera 6, llegamos a Greymouth la ciudad más importante de la región de West Coast, que supera los 15.000 habitantes (allí eso es mucho) y donde nos aprovisionamos para lo que nos quedaba de estancia. Aquí es donde empieza oficialmente la Great Coast Road, si se viaja de sur a norte, como era nuestro caso.
Íbamos a hacer noche en Punakaiki, otro de los lugares más turísticos de la Great Coast Road. En el camino hizimos una breve parada en el Strongman Mine Memorial, que tiene un espectacular mirador de la playa.
En Punakaiki nos alojamos en un lodge rodeado de una frondosa vegetación, donde se tenía la sensación de estar en medio de la selva tropical. En Greymouth nos habíamos avituallado para una copiosa cena que hicimos en el amplio balcón-terraza con el sonido de multitud de aves como telón de fondo.
Al tener acceso a internet pudimos comprobar que la compañía aérea nos había notificado que la situación en el aeropuerto de Auckland se había normalizado y nuestro vuelo no se iba a cancelar. Como noticia negativa, también teníamos un mensaje de la cancelación de una navegación a la isla de Marlon Brando, una de las actividades que más ilusión nos hacía de las previstas en Tahití.
El día siguiente amaneció nuevamente nublado, lo cual quitaba bastante espectacularidad al paisaje. Cerca de nuestro lodge, tomamos el Truman Track, corto sendero que conduce a una de las calas entre acantilados de estratos horizontales que conforman la Punakaiki Beach.
En estos senderos que conducían a las muchas pequeñas calas de la Great Coast Road, había letreros indicando que estábamos en «zona Kiwi». Al salir de uno de ellos nos topamos con lo que creíamos era uno de estos misteriosos animales. En realidad, resultó ser un Rascón Weka, ave endémica de Nueva Zelanda, parecida al Kiwi.
En el extremo sur de la playa de Punakaiki se encuentran unos acantilados erosionados en estratos de roca caliza que conforman el lugar más espectacular de la costa oeste: los Pancake Rocks.
En la carretera 6 hay un amplio aparcamiento desde donde comienza un sendero circular que conduce hasta el acantilado y dispone de miradores desde donde observar las imponentes formaciones rocosas.
En el trayecto se pasa por encima de varios arcos naturales, por los que penetra el mar levantando chorros de agua, de ahí su nombre de Blowholes.
En algunas de las formaciones, con imaginación, pueden encontrarse parecidos con siluetas de personas y animales. Como éstas que tienen un panel para ayudar a reconocerlas.
Terminado el recorrido por los pancakes, nos quedaba el dilema de si continuar por la Great Coast Road hacia el norte y hacer algunas paradas en sus miradores o empezar a retroceder hasta Greymouth y tomar la carretera 73, que lleva al puerto de montaña de Arthur Pass.
Nos decidimos por esta segunda opción, ya que era allí donde teníamos el alojamiento para esa noche y ese puerto de montaña también está declarado parque nacional que, en Nueva Zelanda, suele significar paisajes espectaculares.
Íbamos a dejar la costa y con ello, la posibilidad de ver pingüinos, algo que habíamos dado por casi seguro antes de empezar el viaje. A falta de una foto de un animal vivo, la tomamos de una de las múltiples señales de tráfico con las que topamos que advertían de su presencia.
La ascensión por el puerto no nos deparó nada de interés. Una ruta muy transitada en aquella época y acondicionada para conectar de manera rápida la capital de la isla con la turística zona costera, con pocos lugares donde parar.
Iniciamos el sendero de Deception Valley, que comienza en un largo puente peatonal, el Morrisons Footbridge, sobre el río Otira pero, después de caminar largo rato entre vegetación de matorral de la llanura de inundación del río, decidimos retornar. El sendero hacía honor a su nombre.
Continuando la ruta hacia Arthur Pass, quedamos retenidos durante más de tres horas en la carretera por un accidente de tráfico y eso puso fin a nuestra jornada.
Al día siguiente, hicimos dos horas de carretera hasta el aeropuerto de Christchurch, donde devolvimos el coche y tomamos el vuelo a Auckland y de aquí a Papeete, donde iniciaríamos la cuarta etapa del viaje del año 2.023.
