Para la tercera etapa de nuestro viaje a Costa Rica en el año 2.014, pusimos base en La Fortuna, en la provincia de Alajuela, situada al pie del volcán Arenal.
desde Drake a La Fortuna
La primera entrada de este viaje terminó con nuestra llegada al pequeño aeropuerto de Drake, donde tomamos un vuelo de Nature Air hasta San José.
Este vuelo, de apenas una hora de duración, nos permitió ahorrar bastante tiempo para llegar a nuestro siguiente destino y, además, se convirtió en otra actividad turística más, al poder ir contemplando el paisaje desde arriba y reconocer lugares como el río Sierpe o Punta Uvita.
Llegados al aeropuerto de San José, nos recogieron para un transfer de dos horas y media a nuestro alojamiento en La Fortuna. Un trayecto sinuoso en un paisaje montañoso y atravesando bosque lluvioso primario cubierto por una neblina.
Nuestro alojamiento fue en unas cabañas próximas al volcán Arenal que tan sólo pudimos ver los pocos ratos en que se despejaba algo la densa niebla que lo cubría.
Uno de los entretenimientos en el lodge era observar la variedad de aves que se acercaban a picotear la comida que les dejaban los empleados.
subida al volcán Cerro Chato
El volcán Arenal es de los más famosos de Costa Rica, con su forma cónica y su penacho de humo, señal de que está activo. Próximo a él se encuentra el volcán Cerro Chato, y juntos, forman el Parque Nacional Volcán Arenal, en un entorno de vegetación de bosque lluvioso primario, generalmente envuelto en niebla y con abundancia de cascadas y ríos, algunos de ellos de agua caliente, producto de la actividad termal ligada al vulcanismo.
Nuestra primera excursión en el parque fue la subida al volcán Cerro Chato, una exigente ruta de senderismo de 6.5 kilómetros hasta la cumbre del volcán que se sitúa amás de 1.100 metros sobre el nivel del mar.
Iniciamos la marcha con un tiempo neblinoso y mucha humedad ambiental. La subida resultaba bastante complicada, por las fuertes pendientes, el barro muy resbaladizo, la raices de los árboles y la densa vegetación.
En muchos tramos, el sendero apenas se vislumbraba entre la densa vegetación. Nosotros nos limitábamos a ir hacia el guía, que iba algo más adelante.
Desde el final del sendero, se puede ver un lago formado en el cráter del volcán. El día estaba muy nublado y tuvimos que esperar un rato hasta que clareó parcialmente. No fue la mejor vista posible, pero no todo fue niebla.
Tuvimos el tiempo de tomar unas pocas fotos pues, al momento, la bruma volvió a echarse encima y, según empezamos el descenso, comenzó una copiosa lluvia que lo hizo más dificultoso aún.
El recorrido de ida y vuelta nos tomó unas cinco horas. Cuando íbamos acabando el descenso, el día fue aclarando y tuvimos una buena perspectiva de la cumbre del volcán a donde habíamos subido.
Terminado el descenso, nos fuimos a ver la cercana y pintoresca catarata La Fortuna, que tiene una caída libre de unos 75 metros.
excursión al río Celeste
Con base en La Fortuna, nuestra siguiente escapada fue un tour al Parque Nacional Volcán Tenorio, para hacer un sendero por el río Celeste.
Hicimos un trayecto de una hora y media en coche. Como venía siendo habitual, nos encontramos con un día lluvioso y nubes bajas, de tal forma que el volcán Tenorio estaba completamente cubierto.
El recorrido por el curso del río incluía varios senderos cortos, bastante menos exigentes que los del día anterior.
Al igual que en el sector del volcán Arenal, la vegetación es de bosque primario lluvioso, con abundancia de especies con raices aéreas y helechos arborescentes.
La actividad termal también se deja notar en este sector. Unas emanaciones de vapor de agua bajo el río provocan un burbujeo constante que se conoce como Los Borbollones.
El sendero continúa dentro de la jungla espesa, pasando de una orilla a otra del río mediante pasarelas de madera.
Hasta que se llega a un punto donde, súbitamente, el agua cambia a un intenso color azul celeste. Como explica el video, esto es debido a un efecto óptico por las partículas minerales que el agua lleva en suspensión.
A partir de aquí, el itinerario gana en belleza y nuevas pasarelas permiten tener vistas muy fotogénicas de la selva y el río con su color tan llamativo.
El último de los cortos senderos nos llevó hasta la mayor atracción de la caminata: la catarata del río Celeste, con una altura de unos 20 metros y una poza de agua celeste donde no está permitido el baño.
fin de estancia en La Fortuna
De regreso del Volcán Tenorio, con toda una tarde por delante, nos planteamos ir a tomar un baño en las aguas termales, pagando en alguno de los hoteles cercanos. En el alojamiento nos dijeron que los locales tenían un lugar no muy lejano, al que podíamos llegar fácilmente a pie por la carretera y, dado que aquel día Costa Rica volvía a jugar otro partido del mundial de fútbol, seguro que lo íbamos a encontrar completamente vacío.
Así ocurrío. Estuvimos allí a solas hasta que empezó a atardecer, disfrutando del caudal de agua caliente del río en una represa que formaba una pequeña poza.
Al día siguiente por la tarde teníamos nuestro vuelo de regreso a casa. Nos quedaba la mañana y nos fuimos a los cercanos Puentes Colgantes Arenal donde, previo pago, se podía recorrer un fácil sendero con unos impresionantes puentes colgantes y cascadas en un entorno de frondosa selva tropical.
Al final del recorrido había un mariposario con muchas de las especies que abundan en la selva costarricense.
Hasta aquí llegó nuestra visita a los parques nacionales de Costa Rica en el año 2.014. Al día siguiente retornamos a San José para tomar el vuelo de vuelta a casa. Aún visitaríamos un parque más: el de Cahuita, pero eso ya sería al año siguiente.
en el sureste de Costa Rica
En 2.015 el destino de nuestras vacaciones volvió a ser Centroamérica. Queríamos pasar unos días en el archipiélago panameño de Bocas del Toro, al que ya dediqué una entrada en este blog, y aprovechamos la combinación de vuelos más favorable para visitar parte de la costa caribeña de Costa Rica, incluyendo el Parque Nacional Cahuita.
Por la combinación de vuelos, tuvimos que pernoctar en Miami, ciudad que no tuvimos oportunidad de visitar, pues decidimos quedarnos cerca del aeropuerto.
Llegados a San José, hicimos un ameno transfer hasta la localidad costera de Puerto Viejo de Talamanca, donde teníamos nuestro alojamiento.
Alli nos alojamos en unas tranquilas cabañas rodeadas de verdor. Desde ellas podíamos ir andando hasta la ciudad que tenía un ambiente de gente joven, especialmente estadounidenses, atraida por las buenas playas para la práctica del surf.
los alrededores de Puerto Viejo de Talamanca
Desde la misma ciudad sale un sendero litoral que, atravesando el bosque tropical, lleva a las mejores playas de los alrededores. La primera es conocida por sus piscinas naturales formadas por el arrecife que las protege del oleaje.
Al igual que en Cahuita, el recorrido por el bosque tiene el entretenimiento de localizar en las copas de los árboles a los numerosos perezosos.
Al final de la playa de Puerto Viejo se encuentra el mirador de Talamanca, con vistas a la isla Cocles, una gran roca cubierta de frondosa vegetación cerca de la costa.
El sendero finaliza en la playa Cocles, de arena fina y dorada, que es la más demandada por los surfistas para navegar en sus trenes de olas gigantescas.
El camino de vuelta se hace por el mismo sendero y aprovechamos para echar el resto de la jornada bañándonos en las magníficas playas.
un parque nacional de selva y playa
El Parque Nacional Cahuita es una zona costera protegida, que afecta tanto al bosque húmedo del litoral como a los arrecifes coralinos en el mar.
La visita la puedes hacer por tu cuenta y es un fácil recorrido por un sendero costero, donde se pasa por una serie de playas en las que te puedes dar un chapuzón, por lo que, lo mejor es llevar el bañador.
Nosotros nos concertamos con un taxista que nos dejó al inicio y quedamos en que nos recogía al final del recorrido.
En el mes de julio, cuando visitamos el parque, es temporada de lluvias. La vegetación es más verde y exuberante pero, por contra, el mar está más agitado y el agua no está cristalina ni de color turquesa.
Desde el inicio del trayecto nos topamos con interminables hileras de hormigas cortadoras de hojas o arrieras, en su incansable tarea de trocearlas y transportarlas.
También muy abundante la llamativa, y venenosa, Bocaracá o serpiente de pestañas, de pequeño tamaño y de color amarillo o blanco. Vimos varias de ellas, siempre subidas a ramas o en los troncos de los árboles, completamente estáticas.
En época de lluvias el suelo se vuelve pantanoso, así que, algunas partes del recorrido discurren por pasarelas o rodajas de troncos de árbol.
De tanto en tanto, el sendero se conduce al mar, llevando a pequeñas calas donde la vegetación llega hasta el agua. Alli se pueden ver los estratos rocosos del arrecife de coral. En un día de mar calmado, se puede hacer snorkel. Nosotros llevábamos nuestro equipo, pero el agua estaba demasiado agitada y turbia como para poder practicarlo.
Además de los abundantes pizotes y monos aulladores, pudimos ver un ejemplar de largarto que, apesar de su apariencia, es completamente inofensivo.
Subidos a las copas de los árboles también pudimos ver a los perezosos, muy difíciles de diferenciar cuando no están en movimiento.
Hacia el final de la caminata se llega a las playas más amplias y arenosas, donde no nos privamos de un buen baño, aprovechando que el sol hizo su aparición.
Y también hacer ejercicio trepando por los troncos de las palmeras inclinadas hacia el mar.
Al final del recorrido lineal, esperamos a ser recogidos para regresar a Puerto Viejo tomándonos un batido de frutas naturales en un chiringuito a la salida del parque.
Terminadas estas excursiones por el caribe costarricense, continuaríamos camino al vecino del sur. Nos iríamos en un transfer hasta Sixaola, donde cruzaríamos a pie el puente internacional Sixaola-Guabito y entraríamos en Panamá, para ir a pasar unos días a Bocas del Toro, etapa de este viaje de 2.015 que ya recogí en una de las primeras entradas de este blog.
