Con el vuelo desde Puerto Montt a Punta Arenas, comenzamos la etapa más larga de nuestra estancia en La Patagonia, para recorrer en la parte chilena la Región de Magallanes y, en la parte argentina la Provincia de Santa Cruz.
Llegamos a Punta Arenas avanzada la tarde. En el camino al hotel, el taxista nos dijo que la ciudad, de unos 150.000 habitantes, está aumentando mucho su población debido a la llegada de gente que está abandonando las grandes ciudades del país debido a la inseguridad. Nos insistió mucho en que íbamos a encontrar una ciudad muy limpia y muy segura y resultó completamente cierto.
Por recomendación del propio taxista, fuimos a cenar a un restaurante cercano al hotel donde tuvimos el primer grato contacto con la magnífica gastronomía de esta región: hay un amplio surtido de marisco, pescado y carne de vacuno y ovino. Nos vino muy bien porque, hasta el momento, nos habíamos ido apañando principalmente con lo que preparábamos en los alojamientos.
con el pingüino magallánico
Los dos siguientes días los íbamos a dedicar a hacer excursiones contratadas con salida desde Punta Arenas, así que, como apenas íbamos a utilizar el coche, no reservamos uno hasta que no nos fuéramos a ir hacia el parque Torres del Paine.
El primer día íbamos a ir a Isla Magdalena, para la que habíamos contratado el tour a primera hora de la tarde, así que, dedicamos la mañana a recorrer la parte antigua de Punta Arenas, que tiene algunos edificios de finales del siglo XIX bastante bonitos, en una zona muy cuidada y ajardinada. En este sector están también la zona comercial y la mayoría de los restaurantes.
Por la tarde, nos preparamos para ir a isla Magdalena, donde se encuentra el Monumento Natural Los Pingüinos, que es un espacio protegido que pertenece a la red estatal chilena de parques naturales y que alberga una colonia de pingüinos Magallánicos de más de 60.000 parejas.
Hasta el año anterior, era posible comprar los billetes con la propia naviera y hacer la visita guiados en todo momento por el personal del parque. Ahora es necesario contratar el traslado con operadores privados, lo cual encarece notablemente el coste.
El islote se encuentra a 37 kilómetros de Punta Arenas y la travesía por el Estrecho de Magallanes es entretenida, a la espera de poder ver aves, delfines, ballenas de las que vimos las aletas de algunas, pero no muy cerca del barco.
A la llegada a Punta Arenas, habíamos vuelto a las temperaturas de lo que, para nosotros, eran las propias de un día de invierno frío. En la cubierta del barco, con el viento, la sensación era aún mayor y había que estar abrigados con gorro y guantes de lana.
Después de algo más de una hora de navegación llegamos a la isla, que es una roca bastante plana sin nada de vegetación. Antes de desembarcar, se dan las instrucciones básicas para la visita, urgiendo a no quedarse rezagados ni molestar a los pingüinos en el afán de tomar una foto muy de cerca.
La visita es un recorrido de, aproximadamente, una hora alrededor del islote, en todo momento acompañados por el personal del parque que insta a no parase demasiado y sin poder salir del camino delimitado con postes y cuerdas (a los pingüinos sí les está permitido sobrepasarlos, así que se les puede fotografiar de cerca sin problema).
El pingüino de Magallanes, también llamado patagónico, tiene un tamaño mediano, entre 60 y 70 centímetros y su plumaje es de color blanco y negro.
Los pingüinos permanecen en la isla durante el tiempo de reproducción, que va de octubre a abril y después migran a zonas más templadas. Cuando nosotros estuvimos, a finales de enero, las crías ya eran de buen tamaño, pero se distinguían de los adultos por conservar aún el plumón de color pardo.
La isla la compartían entonces con sus depredadores en tiempo de puesta: las gaviotas, que por estas fechas estaban criando a sus polluelos.
En la parte alta de la isla se encuentra el faro, uno de los más antiguos del pais, que aún funciona como tal y está declarado monumento nacional. Desde aquí se inicia el retorno hacia el barco para dar punto final a la visita.
El camino de vuelta todavía da tiempo a tomar una foto bonita o grabar videos de estos simpáticos animales.
la colonia de pingüinos rey de Bahía Inútil
Nuestra segunda y última excursión desde Punta Arenas fue para la ver la Colonia de Pingüinos Rey en Bahía Inútil. Esta excursión también la contratamos con una agencia. Hay gente que la hace por su cuenta, en coche de alquiler, pero se precisa pasarlo en ferry y después está el tema de que hay que conducir muchos kilómetros por carreteras de ripio.
Muy temprano por la mañana pasaron a recogernos en el hotel y nos trasladaron al muelle, para hacer la travesía en barco del Estrecho de Magallanes y llegar a Porvenir, la ciudad chilena más grande en la provincia de Tierra del Fuego.
La guía que nos acompañó, nos fue dando explicaciones, por una parte, de la historia del Estrecho de Magallanes y, por otra, del destino de los Selk’nam, los aborígenes de Tierra del Fuego, por los intereses de los colonos chilenos y argentinos.
Hace unos 10.000 años, Tierra del Fuego estaba unida al continente por un istmo, a través del cual pasaron la fauna y los humanos. El drástico cambio climático producido al final de la última glaciación, la aisló del continente.
Los Selk’nam vivieron como nómadas dedicados a la caza del guanaco sin prácticamente ningún contacto con otra cultura, incluidos los colonizadores españoles, hasta que, a principios del siglo XX, fueron prácticamente exterminados por los colonos que querían su territorio para introducir el ganado ovino.
En Porvenir, visitamos la Plaza Selk’nam, donde se representa la historia y costumbres de este pueblo y hay una placa donde se describe el genocidio que llevó a su extinción.
Después de un rápido almuerzo en Porvenir, continuamos la ruta sin más paradas por un paisaje bastante agreste y desolado, hasta llegar a Bahía Inútil, donde se encuentra el Parque Pingüino Rey.
A diferencia de isla Magdalena, aquí los puntos de observación de los pingüinos son mucho más restringidos: hay un pequeño sendero que conduce a unos observatorios que disponen de catalejos.
Cuando nos acercábamos, había un grupo de pingüinos cerca de un observatorio, pero rápidamente se alejaron y se unieron a los demás.
Los observatorios están justo a la orilla del río Marazzi, que desemboca allí. Si se tiene la suerte de que los pingüinos estén de este lado, se les ve de cerca, si están del otro lado se les ve en la lejanía y se precisa del uso de los catalejos o de cámaras con un buen zoom para verlos en detalle.
El pingüino Rey es el segundo más grande de esta familia, tras el pingüino Emperador. Llega a una altura de 75 centímetros y es mucho más esbelto y llamativo que el pingüino Magallánico.
La colonia de pingüinos Rey de Bahía Inútil es la única en el continente americano y llegó a desaparecer en los años ochenta. En la actualidad llega a los cien ejemplares.
Desde el año 2.010, empezaron a anidar y criar polluelos. Nosotros tuvimos la suerte de poder ver alguno de muy pocos días de vida protegidos del frío por sus madres.
La visita no se alarga demasiado, porque hay otros grupos que esperan en el centro de recepción para acceder a los observatorios. Cuando terminábamos había ya empezado a soplar un auténtico vendaval, que se puede intuir por el aspecto del mar en esta fotografía.
De regreso al autobús, el conductor nos dijo que había que apremiar, porque ya habían cerrado el paso del estrecho en Porvenir y debíamos de llegar a la mayor brevedad al Cruce Bahía Azul, más al norte, donde aún continuaban navegando ferrys.
Bahía Inútil es el lugar más austral en que hemos estado en este viaje (y también en cualquier otro). El punto azul en la captura de pantalla de mi móvil es nuestra ubicación en Google Maps en esta excursión, la masa blanca por debajo es la Antártida, de la que estábamos separados por poco más de 1.000 kilómetros. Para llegar más al sur de Bahía Inútil, hay que pasar la frontera con Argentina y llegar a Ushuaia.
Finalmente, y gracias a una conducción a gran velocidad, llegamos a tiempo de encontrar aún el paso abierto a la navegación y poder volver a cruzar al continente. De lo contrario, habríamos tenido que pasar noche en Tierra del Fuego y no resulta fácil encontrar alojamiento por estas latitudes.
Ya de nuevo en el continente, hicimos una breve parada en los restos de la Estancia San Gregorio, que fue el centro de un imperio ganadero construido por un emigrante asturiano de finales del XIX, llamado José Menéndez, al que el relato de nuestra guía situaba entre los responsables del extermino de los Selk’nam.
Con esta visita poníamos fin a nuestra estancia en Punta Arenas. A la mañana siguiente fuimos al aeropuerto donde recogimos un coche de alquiler y pusimos rumbo a la siguiente etapa de este viaje de principios de 2.024: el Parque Nacional Torres del Paine.
