En nuestro recorrido por Arizona, en el mes de febrero de 2.023, habáimos estado ya en el Gran Cañón del Colorado y Monument Valley, y después pusimos rumbo a Page, localidad muy cercana a nuestro siguiente destino, Antelope Canyon. Empleamos unas dos horas, circulando por una carretera en muy buenas condiciones.
En nuestra travesía por territorio de los Navajo nos ocurrió algo curioso: de tanto en tanto, las emisoras de radio con música occidental que escuchábamos, repentinamente desaparecían y sólo se sintonizaba sonidos de tambores y cánticos indios como en los westerns.
El circular por carreteras tan poco transitadas, en medio de un paisaje tan desértico y desolado, te hace pensar que vas a llegar a lugares despoblados y sin infraestructuras. La realidad es diferente, nuestro hotel en Page era muy moderno y en su entorno había supermercados bien surtidos y restaurantes de comidas variadas predominando, eso sí, la mexicana y la italiana. Como anécdota divertida, en la recepción del hotel nos regalaron unas chocolatinas ¡por llevar casados 31 años!
cañones esculpidos en arenisca
En las cercanías de Page hay dos cañones visitables: Upper Antelope Canyon y Lower Antelope Canyon. Nosotros fuimos al segundo. Hicimos la reserva online y, aunque lo recomendable es escoger una hora en que el sol esté bien alto, por la poca disponibilidad de tiempo escogimos de los primeros turnos, a las 9 de la mañana.
Estos cañones son grietas en la roca arenisca donde la circulación del agua de las tormentas ha esculpido gargantas subterráneas profundas y estrechas con unas morfologías muy singulares y a las que la luz del sol da unas tonalidades espectaculares. Uno de los lugares más fotogénicos que se pueda visitar.
Al igual que Monument Valley, están gestionado por los indios Navajo y las visitas son exclusivamente guiadas por ellos. Nos hicieron el traslado en coche desde sus oficinas y, llegado el turno, hicimos un corto recorrido a pie.
A pesar de ser temporada baja, encontramos muchos visitantes, pero el descenso al cañón estuvo bien organizado en pequeños grupos y no se formaron aglomeraciones. Sobre una superficie de roca plana, sin vegetación alguna, llegamos a una estrecha grieta en la que hay instaladas escaleras para bajar.
Junto a las empinadas escaleras, se podían ver tallados en la roca los huecos que servían para el acceso antes de transformarse en atracción turística de masas.
No se precisa descender hasta el fondo del cañón para empezar a percibir la variedad de formas esculpidas por el agua y el viento en la roca y de tonalidades por la incidencia de la luz del sol.
A pesar de la hora temprana, tuvimos la suerte que amaneció un día con el cielo limpio de nubes y un sol radiante que iluminaba las paredes del cañón.
Una vez terminado el descenso por las escaleras de todo el grupo y dejando un tiempo para separarnos del precente, comenzamos a recorrer la garganta. El guía, un mestizo navajo, nos iba dando explicaciones en inglés del proceso de formación del cañón y nos marcaba morfologías en la roca que semejaban figuras, como la conocida por «El Rey León».
No siempre es posible visitar el cañón. Cuando hay aviso de tormentas o ha habido precipitaciones abundantes, las visitas son canceladas debido a que los cañones se inundan muy rápidamente. Después de las lluvias, se precisa hacer una limpieza de todas las ramas y restos de vegetación que taponan la garganta. Los días nublados o al atardecer, la visita resulta menos atractiva por la falta de contrastes luminosos.
A lo largo de una hora que dura aproximadamente el recorrido, el guía nos fue parando en los puntos más adecuados para buenas fotos, que él se ofrecía a tomarnos, además de ir explicándonos muchos aspectos de la historia y cultura de su pueblo. Tuvimos la suerte de llevar en nuestro grupo una hispano hablante que nos ayudó como traductora. De las formaciones más afamadas es la conocida como Gardian Angel.
Aunque la garganta en algunos tramos es estrecha, el piso arenoso siempre es plano y la caminata resulta muy fácil. Como se puede ver por nuestras vestimentas, aquí hacía tanto frío como en el Gran Cañón y en Monument Valley.
Además de las formas curiosas, como The Smiling Shark (el tiburón sonriente), se recorren arcos y se pasa junto a olas de roca encrespadas.
Después de tomar decenas de fotos, llegamos al final del recorrido, que es longitudinal y subimos al exterior por unas escaleras similares a las de la entrada. A la salida nos mostraron la huella de la pisada de un dinosaurio del Jurásico, lo que viene a datar la edad de las areniscas del cañón en unos 190 millones de años.
Terminada la visita, y continuando nuestro ritmo acelerado, teníamos por delante otras buenas horas de carretra, poniendo rumbo al suroeste. Los compañeros de grupo de la visita nos recomendaron que hiciéramos una breve parada en el mirador del Horseshoe Bend, un meandro en el Río Colorado, otro de los lugares más fotografiados de Arizona.
En este caso, los indios Navajo gestionan el parking que es paso obligatorio para el mirador. El pago es ineludible.
Las fotografías no permiten hacerse una idea exacta de la altura del acantilado y la anchura del meandro. Los dos puntitos blancos abajo a la derecha en la foto son dos embarcaciones de recreo.
atravesando Nevada... y Las Vegas
Terminada la visita del Antelope Canyon, íbamos a recorrer un largo trayecto hasta el Parque Nacional Kings Canyon, en California, para ver sus afamadas sequoias. Dado que en la línea recta entre los dos puntos están las cumbres de Sierra Nevada, se precisa descender hacia el suroeste para bordearlas. Íbamos a hacer noche en Barstow, cruce de carreteras estratégico para poner de nuevo rumbo hacia el noroeste.
Esta última etapa de nuestro recorrido era la que más incertidumbre nos provocaba, ya que las sequoias gigantes están en altitudes muy elevadas y no sabíamos con certeza si los accesos estaban abiertos. Después de ver la previsión del tiempo para los días siguientes, decidimos que, una vez llegados a Las Vegas, no desviarnos al Death Valley, como teníamos previsto, y seguimos la ruta más rápida para llegar a las sequoias gigantes.
Por la página web oficial de los parques nos informamos que solamente estaba abierto parcialmente el Parque Kings Canyon, siendo obligatorio llevar cadenas en el vehículo. Contactamos con nuestra anfitriona en el alojamiento que habíamos reservado en Yokuts Valley, cerca de Fresno, quien nos dijo que nos podía proporcionar unas.
Desde Page, nos adentramos por el sur de Utah, donde se va circulando con impresionantes vistas del Parque Nacional Zion y, llegados a la interestatal 15, tomamos rumbo suroeste para volver a cruzar el extremo de Arizona y después entrar en el estado de Nevada. Todo esto en un paisaje absoltuamente desértico. Las Vegas la pasamos sin dejar la I-15, desde donde vimos algunos de sus casinos y edificios emblemáticos. En el Allegant Stadium se anunciaba un concierto de Taylor Swift..
también por la Ruta 66
Llegamos a Barstow ya anochecido. Nos alojamos en uno de los típicos moteles que aparecen en las «road movies«, con unas instalaciones bastante austeras y aspecto algo inquietante.
No tenía restaurante, así que nos fuimos a buscar alguno de comida para llevar. Cuando nos íbamos a dormir, nos llamaron a la puerta de la habitación. Suspense… Eran los vecinos, una pareja bastante mayor, para decirnos que él era un poco sordo y que si nos molestaba el volumen del televisor que se lo dijeramos. No hubo más incidencias en toda la noche.
A la mañana siguiente madrugamos, pues teníamos aún cuatro horas y media largas hasta Kings Canyon y teníamos que hacer un ligero desvío a nuestro alojamiento para recoger las cadenas del coche. En la travesía de Barstow, vimos que la ciudad se anuncia con monolitos y estatuas a pie de carretera como punto de inicio de la mítica Ruta 66.
Nos habíamos ido acercando a Los Ángeles y el tráfico había aumentado notablemente, también continuamos por el paisaje desértico de todo nuestro viaje, que sólo desapareció hasta que pasamos Mojave y llegamos a las montañas que preceden a Bakersfield, donde ya se entra en la inmensidad de los cultivos de frutales y hortalizas.
el bosque de las sequoias gigantes
Recogimos las cadenas para el coche que, al final no necesitamos y en otro día de sol radiante empezamos el ascenso hacia el Parque Nacional Kings Canyon, accediendo por Grant Grove Village, circulando por una carretera todo curvas y sin quita miedos que daba vértigo.
Al igual que en el Gran Cañón del Colorado, encontramos un paisaje completamente nevado, con algunos tramos de carretera abiertos a todos los vehículos. En el mismo parking habían tenido que retirar toneladas de nieve para habilitarlo..
Comprados los pases en el Centro de Visitantes, nos dirigimos hacia uno de los senderos que se podían recorrer en su totalidad, el General Grant Tree Trail, donde íbamos a poder ver algunos de los especímenes más famosos del parque.
El sendero tiene un recorrido circular. Nada más empezar a andar, junto al parking, se encuentra una de las secoyas de mayor diámetro, aunque no es de las más altas.
Uno de los especímenes más fotografiados es el Fallen Monarch Tree, que es la corteza de una sequoia caída por el interior de la cual se puede pasear erguido.
El sendero tiene diversas ramificaciones que se encontraban completamente cubiertas por la nieve y que recorrimos sólo en los tramos en que había menos espesor o con menos placas de hielo.
Se encontraban más limpios los tramos que conducían a la sequoia más emblemática de este sector: la General Grant, la segunda más alta del mundo, con una longitud de 81.5 metros y tiene una circunfrencia en su base de más de 30 metros. Se le estima una edad de más de 1.600 años.
Resulta muy sorprendente que estos inmensos árboles tengan en sus primeras etapas el aspecto y tamaño de un abeto navideño.
Empleamos el día completo en la visita del parque y allí nos comimos unos bocadillos que compramos en la subida. Más que los turistas que habíamos venido a ver las sequoias abundaban excursionistas para divertirse en la nieve con trineos o tablas de snowboard.
Pasamos la noche en una agradable cabaña en Yokuts Valley y la mañana siguiente volvimos al aeropuerto de Los Ángeles para nuestro regreso a casa después de más de cinco semanas de viaje en las que habíamos dado la vuelta al globo parando en Tailandia, Australia, Nueva Zelanda, Polinesia Francesa y Estados Unidos.
