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Nueva Zelanda, 1: Parque Fiorland y Milford Sound

En la planificación de la tercera etapa de nuestro viaje a principios de 2.023, que era Nueva Zelanda, habíamos decidido recorrer sólo la Isla Sur, especialmente por el tiempo disponible y porque tiene mucha mayor superficie de espacios naturales que la Isla Norte. 

Tomamos el vuelo en Melbourne muy temprano por la mañana. Nuestro destino era el aeropuerto de Queenstown, en la parte sur de la isla. A la llegada, tuvimos un riguroso control de los medicamentos y alimentos que llevábamos. Un empleado del aeropuerto que hablaba español hizo de traductor y no tuvimos problema en pasar con nuestro botiquín de analgésicos, antihistamínicos, etc., y con una bolsa de caramelos que traíamos desde el aeropuerto de Bangkok.

senderismo en el Parque Nacional Fiorland

Cogimos un coche de alquiler y nos pusimos en ruta con el reto de tener que conducir por la izquierda, la primera vez en mi vida, y llevar un coche automático, que pocas veces lo había hecho. Como, afortunadamente, no hacía falta atravesar Queenstown, rápidamente pusimos rumbo al sur, bordeando el lago Wakatipu, en dirección a la pequeña ciudad de Te Anau, que se encuentra a la orilla del lago del mismo nombre y sería base para las visitas al Parque Nacional Fiorland.
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el lago Te Anau

Llegados a Te Anau, fuimos a hotel y de allí al Centro de Visitantes del parque, donde tomamos fotos de las rutas de senderismo que queríamos hacer (ya no se dan folletos en papel).

 

Quizás lo más conocido por los documentales de televisión sean las rutas de senderismo de varios días, con grandes mochilas a la espalda y durmiendo en refugios. Nosotros escogimos rutas más cortas, de varias horas de caminata y que suelen ser una parte de otras rutas más largas.

Elegimos para comenzar las rutas por una de dificultad baja: un tramo de unos 3,5 kilómetros del Kepler Track entre el puente Rainbow Reach y Shallow Bay, en el lago Manapouri.

 

Al inicio de este sendero, como de todos los que después hicimos en Nueva Zelanda está esta señal de prohibición (NO DOGS), debido a las muertes producidas en la escasísima y vulnerable fauna del país.

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las mascotas no están permitidas en los parques nacionales neozelandeses
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Inicio del sendero Kepler en el puente Rainbow Reach

Este sendero discurre, en su parte inicial, por un bosque de hayas a la orilla del río Waiau y no tiene fuertes pendientes. Algunas escenas del Señor de los Anillos se rodaron en esta parte del río.

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el rio Waiau visto desde el sendero Kepler

Antes de salir del bosque se pasa un segundo puente colgante y un pequeño sendero elevado del suelo para no pisar la vegetación de musgo, conduce a un humedal, el lago Spirit, donde abundan los patos.

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el lago Spirit

La parte final del sendero discurre por una zona de arbustos hasta llegar a Shallow Bay desde donde hay una vista de las cumbres en cuyos valles se encuentran los fiordos que dan nombre al parque.

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Shallow Bay, punto final del primer tramo de Kepler Track

A partir de este punto, el Kepler Track continúa en una ruta que puede tomar 3 ó 4 días, adentrándose en la parte más agreste del parque. Nosotros hicimos el camino de vuelta y tomamos en dirección a Milford Sound, para emplear el resto de la jornada en hacer un segundo sendero, bastante más dificultoso que el anterior.

el sendero Key Summit

El sendero Key Summit parte de la carretera 95 que va a Milford Sound y forma parte de otro de los largos senderos del parque, el Routeburn. Se trata de un sendero mucho más exigente, con un desnivel total de 433 metros.

 

La primera parte del sendero es en subida continuada dentro de bosque lluvioso, con mucho liquen, musgo y una pequeña cascada.

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el inicio del sendero Key Summit

Después de una ascensión de más de una hora y habiendo salvado 300 metros de desnivel, se llega a la parte más despejada y de menos pendiente que culmina en Key Summit

 

Se empieza a tener vista de las cumbres nevadas y hay pequeñas lagunas con el suelo recubierto de musgo que da un aspecto de paisaje alpino.

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vista del paisaje montañoso desde el Key Summit
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una de las bonitas lagunas rodeadas de musgo
Esta es la parte más relajada y entretenida del camino. En él hay largas pasarelas de madera elevadas del suelo para proteger de las pisadas la frágil flora. Hay un contraste de tonalidades y colores que permitían sacar fotos muy estéticas.
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pasarelas para proteger la vegetación
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preciosas tonalidades cromáticas del bosque alpino

Comenzando el regreso, es posible desviarse de la ruta y descender hasta al bonito lago Howden. La cuestión es que después hay que rehacer el camino cuesta arriba.  

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el lago Howden

El camino de vuelta se hace por el mismo que el de ida. En total, con nuestras paradas para recuperar aliento, hacer fotos y disfrutar de las vistas, invertimos algo más de cinco horas para un recorrido total de unos 8 kilómetros.

Terminada la ruta, tomamos retorno hacia el hotel, parando en algún que otro mirador de los lagos junto a los que discurre la carretera, como el Mirror Lake.

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el Mirror Lake

navegando en Milford Sound

La principal atracción turística del parque Fiorland es realizar la navegación por el fiordo de Milford Sound, que se encuentra al final de la carretera 95. Además de los que llegan en su vehículo, numerosos autobuses salen desde Queenstown o Te Anau exclusivamente para hacer este tour.

 

La distancia en carretera entre Te Anau y el fiordo es de 120 kilómetros y, normalmente, toma menos de dos horas hacerla. En temporada alta, se puede tardar hasta 3 horas debido a las retenciones, que se producen sobre todo en el tramo de túnel que admite tráfico en una sola dirección, por lo que tiene un semáforo que no cambia a verde con la rapidez de los de nuestras ciudades. Los desprendimientos de rocas por la lluvia también son causa frecuente de cortes de tráfico.

Después de realizar el trayecto con bastante menos tráfico y empleando menos tiempo del que habíamos previsto, embarcamos para hacer el crucero con un tiempo espléndido: sol radiante, el cielo despejado y sin frío. Una suerte porque la lluvia y las nubes bajas son más que frecuentes aún en temporada estival.

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iniciando la navegación en el fiordo

El crucero dura algo menos de dos horas y se recorren unos 15 kilómetros hasta el mar abierto, que es el Mar de Tasmania. Se va por una margen del fiordo y se regresa por la otra, en un paisaje rodeado de altas montañas. El ferry se acerca a la orilla y ralentiza su marcha en los puntos de interés: avistamiento de focas, pingüinos o cascadas en el desfiladero.

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el fiordo con el Monte Pembroke al fondo
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el fiordo visto desde el mar abierto

Entre el personal de a bordo iba un chico francés que, al oírnos hablar en español se nos acercó. Entre su español y el francés, que se me da bastante mejor que el inglés, nos dijo que los pingüinos ya se habían marchado, que podríamos ver algún delfín y, con algo de más suerte, orcas. De todo esto, sólo vimos focas.

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grupo de focas en las rocas de la orilla
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dos focas más de cerca

Por contra, las cascadas que vierten directas al mar las vimos, fotografiamos y grabamos en unas condiciones espléndidas.

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una de las cascadas que vierten desde el fiordo

Fue en el camino de retorno cuando pasamos junto a las cascadas más famosas: Stirling Falls.  A ellas el barco se acerca al máximo y hay que tener el impermeable puesto para no empaparse.

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aproximándonos a las cascadas Stirling
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justo debajo de la cascada

Continuando el retorno se pasa junto a la desembocadura del río Harrison, que también forma una cascada. Desde este punto, ya se entra en la parte final de recorrido, para desembarcar en pocos minutos.

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cascada del río Harrison

El crucero no es excesivamente largo y, por su precio, supongo que en condiciones de poca visibilidad debe resultar bastante decepcionante. No fue nuestro caso y nos fuimos muy satisfechos de haberlo hecho.

senderismo por Milford Sound

Era media mañana y teníamos aún muchas horas antes de atardecer y regresar al hotel, así que aprovechamos para hacer varias paradas en el camino de vuelta y hacer algo de senderismo.

El primer tramo de la carretera 94 circula junto al caudaloso río Cleddau, del que hay buenas vistas desde las diversas zonas de aparcamiento habilitadas en los márgenes de la estrecha carretera.

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el río Cleddau en las proximidades de Milford Sound

Algo más adelante, se encuentra un pequeño sendero que recorre un tramo de cascadas en el mismo río Cleddau y que se denomina The Chasm, que se encontraba parcialmente cerrado por desprendimientos y sólo pudimos acercarnos a la primera cascada, con una poza con el agua azul celeste. Realmente, muy bonita.

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la cascada The Chasm con su poza azul celeste

Desviándonos de la carretera principal, fuimos  al inicio de otro de los senderos más populares del sector, el Marian Lake Track. Allí vimos que hacer el camino ida y vuelta tomaba 4 horas, con más de dos kilómetros y medio en subida y 400 metros de desnivel.

 
Decidimos empezar el camino y llegar sólo hasta las Cascadas Marian, no lejos del inicio. El sendero discurre en todo su trayecto en la margen del torrente que drena el lago Marian, que es de origen glaciar.


Se inicia pasando un puente colgante sobre el torrente y se adentra en un bosque lluvioso templado con abundancia de musgos y helechos entre las hayas.

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el río Marian al inicio del sendero

Hasta las cascadas Marian, que son en realidad un tramo de un centenar de metros con saltos en el torrente, el sendero cuenta con pasarelas en las partes más dificultosas pero, a partir de aquí, es a través de rocas de la morrena de antiguo glaciar, con raíces de los arboles.

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uno de los saltos de las cascadas Marian

Como el ascenso se hacía penoso y había el riesgo de caídas por lo resbaloso de las rocas, después de 45 minutos de subida decidimos descender y emplear el tiempo sobrante en alguna parada más.

 

A la vuelta al parking un padre y una hija de origen indio nos preguntaron si habíamos visto a una señora de su raza por el camino, pues la habían perdido de vista y no sabían nada de ella hacia casi una hora. Como ella tenía las llaves del coche y allí no había cobertura, determinamos que yo subiría con mi coche hasta la 94, donde sí había cobertura, uno de ellos quedaría en el parking y mi mujer y el otro volverían a subir por el sendero.

 

Me fui pensando que lo único que podría haber pasado es que se hubiese caído al torrente al hacerse un selfie, porque salirse de ese sendero no era imposible pero sí muy difícil.

Sudé tinta para explicar en emergencias (allí es el 111) lo que ocurría. Previamente, igual que aquí, tuve que responder (o tratar de) a numerosas preguntas para comprobar la veracidad de la llamada. Quedamos en que retornara al inicio del sendero y si aún no había aparecido, volviera a llamar y se activaría la búsqueda por desaparición.

Cuando llegué al parking, ya eran cuatro y, afortunadamente, el nuevo miembro del grupo era la señora desaparecida con la que se habían cruzado nada más iniciar la nueva búsqueda. Según nos contó, al verse sola se puso nerviosa, se había salido en el sendero y perdió completamente el sentido de la orientación. Con el ruido del torrente no había oído las voces de sus familiares.

Por mi trabajo, estoy muy habituado a andar entre la maleza y, realmente, salirse más de 15 metros de ese sendero con el monte bajo tan denso resulta muy complicado…En fin, volvimos todos a la 94 para llamar y desactivar la emergencia. 


En todo esto se nos habían ido casi dos horas, así que ya teníamos que abreviar y decidimos hacer un último sendero: el Lake Gunn Natural Walk, que discurre entre hayas rojas, de hasta 40 metros de altura, y termina en la orilla del lago Gunn.

 

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Haya Roja gigante
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el lago Gunn, al final del sendero

Con esta última parada terminamos nuestro recorrido por el Parque Fiorland. Al día siguiente, tocaba deshacer el camino hasta Queenstown y poner rumbo al Parque Nacional Monte Cook. Esto lo contaré ya en la próxima entrada de este viaje.

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